Parte 2
Los vuelos de Continental entre Estados Unidos y Japón se realizan en aviones muy grandes y muy cómodos. Aún cuando no estaba en primera clase, cada asiento tenía una pequeña pantalla (situada en el respaldar del asiento de enfrente) donde se podían ver las películas disponibles, oír radio y otras cosas. En cada asiento había un pequeño control que por un lado parecía un control de Super Nintendo y por el otro servía como teléfono. Para hacer una llamada se deslizaba la tarjeta de crédito por una ranura lateral y después se marcaba. La tarifa de la llamada era un completo robo: 6 dólares el minuto. Con el control se manejaba la pantalla y se accedía a los juegos disponibles, eran juegos sencillos y aburridos.
El vuelo tuvo un retraso de una hora y yo estaba preocupado por la posibilidad de no encontrarme con Alexander, además la idea de quedarme el primer día solo y perdido en Tokio no me llamaba para nada la atención.
A mi lado se sentó una pareja de japoneses recién casados que acababan de terminar su luna de miel. Habían estado en el caribe según me pareció, pues tenían camisas playeras y shorts (por lo menos era seguro que no venían de esquiar). Esto que voy a decir puede sonar feo pero observarlos durante el viaje fue fascinante. Me parecieron muy buenas personas, cada vez que tuve que levantarme ellos se quitaron muy amablemente y en general siempre me sonrieron. Pero su comportamiento como pareja me reveló uno de los aspectos negativos de la sociedad japonesa moderna. Al inicio del vuelo, el hombre se durmió y la mujer empezó a llenar un Sudoku que venía en la revista del avión, luego el despertó y jugó mucho tiempo con un Gameboy mientras ella veía King Kong en la pantalla del avión (por cierto, la muchacha lloró al final de la película por lo que me di cuenta que era bien sensible), cuando ambos estaban despiertos sacaron un computador portátil y empezaron a ver películas. A lo largo de todo el viaje se repitió el patrón anterior en todas sus permutaciones. Lo que considero negativo es el que una pareja de recién casados (hablando con ellos me lo confirmaron) prácticamente no hablara durante el vuelo que finalizaba su luna de miel. Puede ser que yo esté acostumbrado a ver las parejas colombianas que se demuestran cariño de una forma más abierta y que en Japón no sea así, de hecho, sólo una vez en todo el viaje vi que una pareja de jóvenes se diera un beso en público. La cultura japonesa no es para nada tolerante con lo que ellos consideran exhibicionismo. Pero bueno, hasta mejor para mi no tener una pareja bazuqueándose al lado, que jartera. Lo cierto es que por lo menos deberían estar hablando, riéndose o algo por el estilo.
El vuelo fue verdaderamente brutal, trece horas y media dentro de un avión, aún estando sentado, son desesperantes. Las últimas tres horas son especialmente duras y uno ya no quiere sentarse, ni pararse, ni dormirse ni nada, lo que quisiera es un golpe contundente y despertar en el aeropuerto. Pero no, en su lugar el avión tenía una pequeña pantalla que mostraba un mapa de donde íbamos, cuanto faltaba y que horas eran en Tokio. Me costó mucho trabajo dejar de ver esa pantalla, a veces pensaba que había pasado mucho tiempo desde la última vez que la había visto y sólo iban veinte minutos. En la pantalla, cuando aparecía el mapamundi, me di cuenta que sobrevolamos cerca de Alaska, Rusia etc.., no podía creer que estuviera tan lejos de casa. Durante la última hora de vuelo hablé con la pareja, les conté del viaje que iba a hacer, de donde iba a ir etc…, también les mostré los mapas que me habían dado para llegar al sitio de la conferencia y ellos muy amáblemente me escribieron los Kanjis (ideogramas japoneses) de las estaciones de metro donde debía cambiar de tren. Al saber que yo era de Colombia, la muchacha (que no hablaba casi inglés) trataba de contarme acerca de la danza saruza. Yo no entendía lo que me quería decir, pensé que era una danza tradicional japonesa y que yo debería intentarla o verla, pero ella seguía insistiendo y al final todo se aclaró: la danza era la salsa, y lo que me trataba de decir era que ella la había bailado durante su viaje. Cuando ibamos llegando, vi una montaña a lo lejos y les pregunté si era el monte Fuji, ellos me dijeron que con seguridad no lo era. Más adelante, me di cuenta que mi pregunta era equivalente a que un extranjero viera el museo nacional y preguntara si eran las murallas de Cartagena. Finalmente llegamos, me despedí y me desearon mucha suerte.
Así que ahí estaba, en el aeropuerto Narita, uno de los más grandes de Asia. Para llegar a la sala de equipaje, había que pasar numerosas salas con bandas móviles en el piso (para moverse más rápido) y tomar un pequeño tren que conectaba esa terminal con el edificio principal. Una vez tuve mis maletas, llamé a mi casa y me reporté. Ahora seguía llegar al sitio de la conferencia.
Pronto continuaré el relato
Andrés.

3 Comments:
Hola mi querido Andrés,
cuando émpecé mi blog todo me imaginé menos que sería tan inspirador como para animarte a vos a hacer el tuyo, honor que me concedes públicamente en tu primera entrada "no seria" (por oposición a la segunda vez que escribiste diciendo que esa era tu "primera entrada seria")en donde además pones mi dirección, cosa que reiteras en el correo que nos enviaste a todos participándonos que "diste a luz" una ventana para que miremos lo que hay dentro de tí, bastante sugestivo el nombre además.
Si nadie lee las cosas tan impersonales que escribo, pues de todas maneras mi blog habrá servido.
Tampoco tenía idea de que Juan Francisco tuviera uno, lo visitaré con frecuencia también.
Moraleja: hay que llevarse un libro gordo con el que uno se haya emocionado y cuya lectura haya suspendido justo en la mejor parte, para soportar 13 horas de viaje.
Hace poco hice 18 horas en bus y ni las sentí, creo que viajar cuando el cuerpo cree que es de noche es la clave.
Oye esta muy buena la historia, me siento leyendo una novela, escribes muy bien, no lo sabia!!
Otra cosa, la verdad en mi experiencia sobre la cultura japonesa(es decir la peliculas japonesas que he visto) es muy comun que entre la pareja no se hablen, para mi tambien resulta absurdo, pero bueno, no es ningun misterio que las culturas son demasiado diferents...seguiré mi lectura.
Otro beso!
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