Un viaje inolvidable.
Hola a todos. Como primera entrada seria a mi blog, daré un resumen bastante detallado de mi viaje a Japón. La idea principal es dejar por escrito la mayor cantidad de recuerdos que tengo antes de que se me olviden y compartir con ustedes todas las cosas que observé y conocí. En una entrada futura hablaré más a fondo sobre mis impresiones acerca de la cultura japonesa y otras cosas, pero por ahora me limitaré a echarles la historia sin mucho comentario.
Para empezar, pude realizar este viaje gracias a que la universidad de Keio me dio el dinero para pasajes y cubrió las primeras dos semanas de alojamiento. Haber podido ir en estas condiciones fue un privilegio del que siempre estaré agradecido, en especial con mi director de tesis Alexander y con el profesor Maeda.
Durante el mes de julio del 2005, se realizó una escuela de verano en física-matemática en Villa de Leyva, Colombia. Para ese entonces yo ya me encontraba trabajando con Alexander en mi futura tesis de maestría, y en ese congreso Alexander me presentó al profesor Maeda, quien era uno de los conferencistas invitados. Casi un año después, se realizaba en Yokohama y Tokio una escuela sobre un tema relacionado con mi tesis y el profesor Maeda me dio la ayuda financiera que ya expliqué. Esta ayuda estaba destinada a estudiantes que fueran a asistir al evento y cubría pasajes y estadía por dos semanas (el tiempo que duraba el evento).
Una semana antes de ir, sustenté mi tesis de maestría, la aprobaron y entonces empecé a preparar mi viaje. Puedo decir con toda seguridad que nunca en mi vida había sentido tanta emoción como en esos días, no sólo era el viaje que había soñado desde hacía mucho tiempo y para el que llevaba preparándome un año en clases de japonés, era también la idea de irme diez mil kilómetros lejos de casa, era el estar solo durante un mes recorriendo un país, en fin… Llegado el día de salir, obviamente no pude dormir y el nudo del estómago tampoco me dejó desayunar. En mi casa no paraban de darme indicaciones y advertirme de innumerables peligros. Yo no me tomé muy en serio las advertencias pues pensaba que de una u otra forma me iba a un sitio civilizado y no a la mitad de la selva, más adelante me di cuenta del error que fue no tomar en serio lo que me decían.
Para ir a Japón desde Colombia hay que hacer una parada de un día en Estados Unidos, más exactamente en Houston (volando por Continental). Una vez ahí, me dirigí al hotel donde me quedaría esa noche. Debido a la espera de un día, Continental cubre el valor de la noche de hotel. El lugar era muy grande y afortunadamente muy limpio. A las 6 de la tarde pude almorzar pues entre inmigración, recoger las maletas y encontrar el hotel me la pasé de la una a las cuatro. Me bañé en la piscina del hotel y me dormí temprano. Tenía que estar a las 10 de la mañana en el aeropuerto pues mi vuelo salía a la una. Esa mañana empezó a caer el aguacero torrencial más increíble que he visto en mi vida. Las calles aledañas al hotel parecían ríos y con el ruido de los rayos y los truenos era imposible mantener una conversación. Hablando a gritos conocí una mujer bastante simpática que trabajaba de azafata en Continental para vuelos nacionales. Me contó que su marido estaba en New Orleáns, llevaba un timepo desempleado y con la tragedia pudo conseguir trabajo removiendo escombros y reconstruyendo la ciudad. Ella también me explicó que la tempestad era porque ya pronto empezaría la temporada de huracanes y que, comparado con un huracán, esa tempestad era una simple llovizna. En esos momentos la preocupación que me asaltaba era la posible cancelación de mi vuelo, un retardo de un día no sería grave pero yo tenía tantas ganas de llegar a Narita (el aeropuerto internacional de Japón) que me hubiera reventado esperando más.
Llegué final mente al aeropuerto de Houston y todas las vueltas de salida fueron muy sencillas, eso si, me hicieron quitar zapatos y canguro como 5 veces, además pasé por lo menos por ocho detectores de metales. Al llegar a la sala de espera, nuevamente se me aceleró el pulso al ver en un telepronter : Continental Narita 1pm (no recuerdo el número del vuelo). Ya había visto un mensaje parecido en otro aeropuerto hacía mucho tiempo pero ahora la gran diferencia era que yo abordaría ese vuelo. Todo estaba dispuesto y pronto se cumpliría mi sueño. A propósito del aguacero, eventualmente mermó pero produjo un retraso de una hora en todos los vuelos del día, el problema era que Alexander me estaba esperando en una estación de metro en Tokio y no tuve forma de indicarle el retraso. Finalmente subí al dichoso avión, estaba muy contento, de verdad que no cabía de la felicidad.
Próximamente continúo la historia.
Andrés

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