Introspección

Monday, December 11, 2006

Parte 7

Un poco de historia.


Como les dije, al otro día salí a un lugar maravilloso, los templos de Nikko, al norte de Tokio. Ese domingo mí tren salía a las 7 de la mañana de la estación de Shinjuku, llegué muy puntual y empecé mi primer viaje largo en tren por Japón. La campiña japonesa no es nada del otro mundo he de decir, todo muy plano y lleno de cultivos de arroz. Me impresionó que en algunos grupos de casas hubiera una especial que tenía un cementerio en el jardín. El viaje duró más o menos una hora y media pues, aunque eran sólo ochenta kilómetros, el tren no era un tren bala. El pueblo de Nikko queda en una zona montañosa llena de vegetación. Como gran atractivo, se respira un aire montañoso puro y frío, muy distinto al aire de Tokio y sus millones de carros.

Tomé un bus en la estación central del templo y este me dejó dos kilómetros más allá, en el comienzo del ascenso a los templos. Lo primero que se ve es un hermoso puente hecho en madera sobre un río. Como casi todos los lugares de culto Shintoista-budista, tenía un color rojo intenso que contrastaba muy bien con la vegetación de las montañas circundantes. En la dirección de Internet que di en una entrada anterior pueden ver algunas de las fotos que tomé de este puente.

Los templos de Nikko son uno de los lugares más representativos de la historia de Japón. Según la creencia japonesa, el año nuevo debe recibirse en un templo y Nikko es uno de los sitios más populares para ello. No estoy muy seguro pero los primeros templos eran el lugar de culto de una secta budista muy importante en la época, luego fue escogido por Ieyasu Tokugawa como el lugar de su tumba. Este personaje es muy importante, fue él quien unificó al país, y buena parte de los valores japoneses actuales provienen de él de una u otra forma. A tal punto llega la admiración de los japoneses por Tokugawa que se le confirió el título de deidad budista, y precisamente es en
Nikko donde está su lugar de adoración.

Voy a detenerme un poco en este personaje y les contaré por qué es tan importante. Esta parte la tomé del libro A History of Japan de Kenneth Henshall.

Entre 1333 y 1568, Japón atraviesa el llamado periodo Muromachi, la era de las guerras internas. El país se encuentra dividido en numerosos terrenos cada uno perteneciente a un señor feudal distinto (llamados Daimyoo). Durante siglos la constante es la guerra total, traiciones, alianzas, más traiciones, más alianzas, asesinatos selectivos y golpes de espada para todo lado. El final oficial de este periodo comienza en 1568 con la aparición de uno de esos personajes que dejan huella, su nombre Oda Nobunaga. El sujeto era el arquetipo del señor feudal japonés que todos tenemos en nuestra mente: astuto, excesivamente cruel y diestro como pocos en las artes de la guerra. Al principio no era más que otro Daimyoo codicioso, pero a punta de espada y tácticas de combate logró derrotar a todos los Daimyoo contra los que peleó. Su gran triunfo fue sitiar Kyoto y establecer como Shogun a un títere suyo (el título de Shogun sólo podía ser llevado por un miembro de la familia Ashikaga, y Nobunaga, ¡pues era de apellido Nobunaga!, nada que hacer). Eventualmente el títere no hizo las cosas bien y nuestro primer personaje simplemente lo exilió. El nombre del títere era Yoshiaki Ashikaga y el que no fuera asesinado fue un verdadero golpe de suerte pues Nobunaga no era precisamente el ser más piadoso sobre la tierra. Así, Nobunaga se dejó de pendejadas y se estableció como regente absoluto. Durante su gobierno asesinó a diestra y siniestra, en especial monjes budistas a quienes consideraba posibles fuentes de desorden civil, muchos miembros de su familia se contaron entre las víctimas, por ejemplo su hermano menor. Contra sus enemigos no mostró jamás piedad alguna, quemó vivos a veinte mil prisioneros después de una batalla y esa sólo es una de sus anécdotas. Como dicen los costeños: ``ese man era un áspero`` El legado de Nobunaga, además de historias de terror, fue empezar la unificación de Japón. Sólo un personaje con ese nivel de mano dura y astucia podía organizar el caos que reinaba en ese país. Durante su mandato distribuyó numerosas tierras conquistadas, prohibió a los civiles portar armas, estandarizó pesos y medidas y estableció un mandato central, aunque sólo logró unir la mitad del país.

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