Introspección

Sunday, February 11, 2007

(Empiecen a leer en la entrada de abajo)


Creo que el problema del irrespeto empieza en la educación que se recibe en la casa. Hace poco tiempo un sujeto de unos cuarenta años empezó a insultarme en una fila de banco porque no quería dejarlo colar (los detalles de este vergonzoso incidente no son necesarios). Aquellos que me conocen saben bien que no se necesita mucho para ponerme de mal genio así que empecé a responderle, en seguida los dos hijos del sujeto se me acercaron y entre todos me querían golpear. Como el guardia del banco intervino al final no pasó nada. Lo mejor del cuento es que no dejé que irrespetara mi turno y le tocó esperar. No puedo asegurar como ha educado este sujeto a sus dos hijitos pero si estoy seguro que no les da un buen ejemplo, y lo más probable es que cuando sus engendros tengan familia serán igualitos ¡y en Colombia se aterran de los altos índices de violencia familiar! El respeto se aprende en la casa y lastimosamente buena parte de los niños y jóvenes vienen de hogares donde los papás tienen todas las malas costumbres tan arraigadas que, por más que hablen de respeto, educación y esas cosas, al no dar ejemplo están criando una nueva generación con los mismos problemas.

Después de quejarme tanto creo que lo menos que puedo hacer es proponer una solución. El problema es que no es fácil, nada fácil. Podría procurarse enseñar civismo y respeto en los colegios pero todo el mundo sabe que éste tipo de cosas se aprenden en la casa así que por más que un profesor le repita sin parar “respete malp…..ido”, poco efecto va a tener en la vida cotidiana. Un cambio de mentalidad toma mucho tiempo por lo que soluciones inmediatas son imposibles, pero creo que lo único sería aplicar el cambio de mentalidad a la fuerza, como hicieron Peñalosa y Mockus en Bogotá. Si un taxista no le quiere bajar el volumen al equipo de sonido, denunciarlo y que le pongan multa, si un bus lleva demasiados pasajeros, multarlo. Yo sé bien que todo esto existe ya, sin embargo no se aplica y, debido a que todos los buseteros y taxistas lo hacen frecuentemente, ya ni se les llama la atención.

Para aplicar la idea de hacer respetar a la fuerza creo que sólo habría una manera de hacerlo efectivo y esa es multando y multando duro. En Colombia mucha gente tiene una forma muy divertida de pensar, por ejemplo evitan pasar los semáforos en rojo pensando en la posible multa de quinientos mil pesos y no en un posible choque con muertos y todo. Como las multas sí surten efecto creo que es una solución posible, aunque claro está, surge el dilema de “La naranja mecánica”: la gente respeta por miedo al castigo y no porque de verdad desee hacerlo. Ahí si no sabría que decir, creo que aquí hay un buen tema de debate.

Sigo después

Andrés.

Continuando con la lista, hoy hablaré de aquellos aspectos del comportamiento humano que me molestan. No hay mucho de especial en estas entradas pues creo que indisponen a cualquiera, pero procuraré dar mis razones y puntos de vista al respecto.

3- La cultura del irrespeto. He aquí otra entrada en la que podría quedarme durante semanas y apenas aruñar la superficie pero, aún así, voy a extenderme un poco dando ejemplos específicos para apoyar mis afirmaciones.

Recuerdo perfectamente todo lo que pasó el día en que volví de Japón, nunca antes había viajado por 23 horas seguidas, usando varios medios de transporte: bus, tren, avión y taxi, sólo me faltaron el barco y la mula. Saliendo del aeropuerto de Tokio tuve mi último contacto con una cultura cuyo principal valor es el respeto hacia los demás. En Japón me empecé a acostumbrar a ver a todo el mundo respetar una fila, pasar la calle cuando el semáforo está en verde, pedir disculpas al tropezarse y responder amablemente cualquier pregunta. Me acostumbré a ciudades ruidosas eso si, pero más por los carros que por las personas, en fin, se me olvidó por completo como eran las cosas por acá. Durante mis primeros días en Japón me resultó problemático adaptarme a esta situación, pasaba las calles con el semáforo en rojo (cosa que se me ha vuelto casi un sello personal), tomaba fotos en lugares donde no se podía etc. En el aeropuerto nada cambió, todo el mundo era amable, las filas para entregar maletas y subir a bordo fueron muy ordenadas, lo que por cierto agilizó muchísimo todo el proceso. Al llegar a Houston tenía que abordar el avión a Bogotá, y ahora si empezó a verse lo que yo llamo “la cultura del irrespeto”. Para empezar, lo primero que nos dijeron fue que iban a dejarnos abordar en orden, empezando por las filas de atrás, por lo tanto no iba a ser necesario hacer fila. Inmediatamente varios pasajeros hicieron una fila. A propósito, estas instrucciones nos las dieron en español así que la excusa del idioma no aplica. No me deja de hacer gracia que aunque era una fila de sólo diez personas empezaron a empujarse. Siguiente paso: varias personas que no habían sido llamadas todavía, querían colarse y entrar de una. La azafata, que no era precisamente una mujer encantadora, se molestó mucho por eso. ¡Señora, le dije que sólo puede abordar cuando se la llame, no voy a dejarla pasar!, a lo que la señora contestaba que deberían dejarla pasar pues ya hizo la fila. Era una escena de película, no había más de cincuenta colombianos, y ya había un desorden increíble. Como era de esperarse, todo el alboroto del abordaje provocó un retraso en el vuelo. Si algo así me sucediera ahora, no me extrañaría en lo más mínimo pero en ese momento yo venía del país más respetuoso de la tierra. Recuerdo haberme incluso alegrado pues me daba cuenta que definitivamente me iba a montar en el avión correcto. Al llegar a Bogotá, sufrimos todos de la cultura del irrespeto a manos de uno de sus peores exponentes: los oficiales de inmigración. Para ese momento habían transcurrido más de 21 horas desde el inicio de mi peripecia y ya estaba muy cansado, eso sin contar con el descuadre de horario de más de 14 horas. En una fila absurda nos tuvieron casi una hora, nunca supimos bien que pasó pero creo que ni se habían enterado que un avión acababa de llegar. Afortunadamente van a remodelar el aeropuerto El Dorado, porque en el corredor donde nos hicieron esperar cabía muy poca gente y sin embargo se acumularon pasajeros de por lo menos tres vuelos más.

Ahora, si esa escena en Houston se produjo con tan sólo cincuenta personas, es de esperarse que con cuarenta millones la cosa sea parecida. En Colombia nos hemos acostumbrado por completo a esto y desde que salimos a la calle lo vemos sin parar. Una de mis favoritas es la forma cómo los buses recogen pasajeros hasta tenerlos a punto de asfixiarse o cómo recogen pasajeros sin detener el bus por completo. En los taxis tenemos que aguantarnos a veces un súper equipo de sonido, a todo volumen, con bafles justo en el espaldar. Es cierto que si uno se queja ellos bajan el volumen (no de muy buena gana) pero ese no es el punto, el punto es que no les nace bajar el volumen por respeto al pasajero. Puedo seguir dando ejemplos pero creo que ya se hacen una idea.

Como es posible que nuestra capacidad de aguantar llegue hasta ese punto. Creo que lo único que puedo hacer es no dejarme afectar por ello y seguir fiel a mis principios, seguiré cediéndoles el puesto en el bus a las señoras, seguiré peleando con los taxistas para que bajen el volumen de sus equipos y me seguiré quejando cada vez que algo así pase. Es bien posible que alguien que lea esto diga “si no le gusta váyase a Japón”, con esa mentalidad nunca se va a mejorar nuestra forma de tratarnos.

Thursday, January 25, 2007

Propósitos de año nuevo.


Como primera entrada a mi blog en el año 2007, he decidido apartarme del relato del viaje y concentrarme más en lo que espero de los doce meses que se avecinan. Me fue difícil dejar ir el 2006 pues simplemente ha sido el mejor año de mi vida. En el 2006 pude ver a Dream Theater en vivo, ir a Japón y finalmente graduarme de la maestría. Estas eran cosas muy importantes para mi y esperaba desde hacía mucho realizarlas, en especial el viaje a Japón.

Ahora que empieza el nuevo año (bueno, más o menos pues estoy escribiendo esto el 25 de enero) deseo mejorar numerosos aspectos de mi vida y tratar de seguir creciendo como persona. Para empezar, desde hace bastante tiempo he alimentado la idea de publicar una entrada hablando de aquellas cosas que me molestan. Esta lista podría extenderse indefinidamente así que decidí hacerla breve y concisa, concentrándome sólo en aquellas cosas que de veras encuentro intolerables. El objetivo de todo esto es principalmente matar tiempo y escribir algo que puede resultar divertido. A la larga, claro está, con esta lista quiero ser conciente de las cosas que me dañan el genio y aprender a relajarme más. No deseo llegar a los cuarenta con una úlcera del tamaño de una piña, producida por todos los tipos en moto sobre andenes peatonales, que he visto en mi vida.

Sin más preámbulos empiezo, las primeras entradas no están en ningún orden especial.

1- La tauromaquia. El maltrato hacia los animales es algo espantoso y a mi parecer no tiene perdón alguno. Lo que más me molesta es que todos los defensores de este “arte” dicen estupideces como: “Pues si, al toro se lo mata pero se lo mata con arte”. Como pueden decir que semejante barbarie es hermosa! En algunos países como Portugal, se prohíbe matar al toro y no veo porqué los “puristas” dicen que si el toro no muere entonces el espectáculo carece de sentido. Las mujeres en cambio dicen que no hay nada más masculino que un torero enfrentándose en desigual batalla ante tan formidable adversario. Es obvio que la batalla es desigual, el macho torero tiene todas las de ganar y sólo en contadas ocasiones el pobre toro logra darle su merecido.

A modo de desahogo déjenme decirles la forma en que yo veo el toreo: En el toreo tenemos a un sujeto en ropa apretada, el objetivo de esta ropa es darle una idea a las mujeres de la tribuna de qué tan macho es este imbécil pero, como las mujeres de ahora no comen cuento, al imbécil le toca mostrar su infinita “masculinidad”. Es obvio que demostrar esta “masculinidad” no es fácil así que el engaño del toreo cae como anillo al dedo, al fin y al cabo ¡está luchando contra un toro de 600 kilos, que hooooommmmbreeeeeee! Lo que no dicen de todo esto es que el toro ha sido sometido a varias torturas para mermarle su fiereza y que el torero no pelea sólo, tiene la ayuda de otros imbéciles un poco menos machos. En todo caso, como en este espectáculo las apariencias cuentan más que cualquier verdad, a nadie le importa y el torero demuestra que es un “macho”, en el sentido mejicano de la palabra. En el público obviamente no sólo hay mujeres, también hay hombres y son estos los que han escrito y dicho la mayor parte de la basura que defiende esta práctica pues la razón por la que disfrutan del espectáculo en general es otra distinta a medir los atributos del torero.

Así, en resumen tenemos: un exhibicionista, un grupo de mujeres disfrutando del exhibicionista, un grupo de hombres (muchas veces esposos de las mayores beneficiadas) filosofando y declamando conmovidos por tanta “belleza” y por último un pobre animal, que no le ha hecho daño a nadie, sufriendo a manos de estos salvajes. Aunque debo confesar que hay algo que me encanta del toreo, lástima que no sucede más a menudo, y es el dichoso evento en el cual el torero sufre una cornada a manos de tan formidable bestia, es en esos casos en que el espectáculo me parece muy entretenido y por una vez se hace justicia.

2- El Reggaetón. Aquí podría quedarme los doce meses del 2007 y continuar hasta el 2010, así que voy a tratar de no extenderme demasiado manifestando el profundo y sincero asco que siento por este engendro sonoro. Digo sonoro porque no merece el adjetivo de musical. No tengo muy claros sus orígenes, creo que viene de Puerto Rico, una isla que nos ha dado otras joyas de las que no quiero hablar. El Reggaetón tiene en todas sus canciones el mismo ritmo aburrido y repetitivo, fácil de bailar eso si, simplemente hay que “hacer el amor bailando” (no estoy seguro si esta frase proviene de una canción de Reggaetón o de pornosalsa pero aplica perfectamente), ¿no les parece una ridiculez de campeonato? Lo chistoso de esto es que cuando es una mujer atractiva la que propone bailar, todo el desencanto se esfuma y por un rato uno llega agradecer a los compositores (si se les puede llamar así). Por eso no voy a ser hipócrita criticándolo en esas situaciones. En estos casos el engendro sonoro simplemente hace que los instintos más primitivos salgan a flote.

¡Pero si lo voy a criticar en mi vida diaria!

Con gran alegría he sabido de varias personas que leen este blog y no viven en Colombia. Como no viven en Colombia, no saben lo que nos toca soportar a quienes lo odiamos. Lo oímos cuando subimos a un bus, a un taxi, cuando caminamos por la calle y pasamos frente a una tienda de ropa “bien setsi”, cuando asistimos a eventos públicos y en general, todo el H/&%/&uta día. Si eso es en Colombia no quiero imaginarme lo que debe ser Puerto Rico. Lo que me molesta del reggaetón es la crudeza de las letras, y eso es un eufemismo. Como la música no da para nada más, hablan de vulgaridades y las letras deben tener todas las groserías posibles para referirse a las relaciones sexuales. En particular, hace poco apareció en escena un grupo llamado calle 13, a mi parecer, las “canciones” de estos tipos son lo peor que he oído en mi vida, y me gustaría decir que son lo peor que puede existir pero la experiencia me ha enseñado que todos los años sale algo nuevo frente a lo cual todo lo anterior parece canto gregoriano. Así que sólo me queda esperar pacientemente a calle 15 o alguna vaina que baje los estándares de depravación musical aún más.

Siendo un colombiano que sale a la calle, debo aguantarme el reggaetón desde que pongo un pie en la acera, por lo que todos los días me felicito por haber comprado un reproductor de MP3 y no tener que aguantarme esa locura. Creo que la única solución posible es subirle el volumen al reproductor e ignorar el ambiente.

Próximamente continúo con la lista.

Andrés

Monday, December 11, 2006

(Nuevamente empiecen a leer en la entrada de abajo)

En este punto entra el siguiente personaje: Toyotomi Hideyoshi. Hideyoshi empezó como soldado raso y gracias a su talento para la estrategia y el combate se acabó convirtiendo en uno de los generales más importantes de Nobunaga. Al morir este último Hideyoshi tomó el poder, saltándose con varias argucias a los hijos de Nobunaga quienes eran los sucesores legítimos. Además de continuar las campañas militares de su predecesor, Hideyoshi usó otras formas más sutiles de mantener el país unido. Una vez conquistaba un lugar, distribuía las tierras entre gente de confianza pero, como era una persona muy desconfiada, obligaba a las familias de los nuevos Daimyoo a vivir en Kyoto donde estaba la sede del poder central. Prohibió por completo a los campesinos llevar armas y de hecho fue con esto que solidificó la férrea división en clases sociales de Japón. Además los Samuráis, quienes eran la casta guerrera, al llevar espadas perdían el derecho a realizar cualquier otra actividad. Los campesinos por su parte no podían convertirse nunca en samuráis. Hideyoshi tuvo un final algo triste: con la vejez le llegó la paranoia y acabó matando a muchos de sus allegados, ni siquiera su profesor de la ceremonia del té se salvó. En sus últimos dias formó un consejo de generales quienes debían encargarse de todas las cuestiones militares, de este consejo salió Ieyasu Tokugawa.

Al morir Hideyoshi nuevamente llegó el turno de elegir sucesor y esta vez Ieyasu usurpó el título que le correspondía legítimamente al descendiente de Hideyoshi. Esta vez la usurpación no fue con argucias sino con fuerza bruta y en la batalla de Sekigahara derrotó a los partidarios del sucesor legítimo estableciéndose como regidor absoluto. El título que obtuvo fue el de Shogun, esta vez no importó el apellido. Como Shogun, estableció una serie de reformas y leyes claves para la posterior unidad total del país. Prohibió la construcción de nuevos castillos y la entrada de extranjeros, castigó duramente cualquier revuelta e impuso normas muy severas para los Daimyoo. Todas estas medidas funcionaron perfectamente y su Shogunato al igual que el de sus descendientes constituye la llamada era Tokugawa, un periodo de casi trescientos años donde no hubo guerras internas y tampoco contacto con los países extranjeros. Con Tokugawa, por primera vez el país estuvo unido.

No puedo quedarme sin hablar de dos cosas más. La primera es le cristianismo en Japón, durante los mandatos de Nobunaga y Hideyoshi el cristianismo fue tolerado aunque con recelo. Los primeros en llegar fueron los jesuitas y después los Franciscanos. Con la llegada de Ieyasu y le expulsión de los extranjeros se empezó a perseguir a los cristianos. Finalmente, en 1635 en Shimabara las tropas del Shogun masacraron a 35000 cristianos. El Shogunato de los Tokugawa fue un régimen cruel e intolerante, logró mantenerse tanto tiempo porque en el pasado de Japón la crueldad no era algo inusual y de una u otra forma estaban acostumbrados.

El segundo es el final de la era Tokugawa. Las cosas se les empezaron a poner dificiles cuando las potencias extranjeras los obligaron por la fuerza a abrir al país al comercio exterior. Es bien conocido el incidente del comodoro Perry (en otra entrada hablo de ese evento). El traspaso del poder, del Shogun al emperador, fue un evento más bien pacífico. Para los que les gusta el anime, la historia de Rurouni Kenshin se sitúa durante este traspaso de poder, pero la historia ficticia habla de disturbios, asesinatos etc.., cuando en verdad las cosas no fueron así para nada. Una cosa que si es cierta en la serie es el asesinato de Okubo Toshimichi quién fue uno de los artífices de la caída del Shogunato, a él lo mató un fanático seguidor del Shogun.

Eso es todo por ahora. La historia de Japón es fascinante, si pueden les recomiendo que lean al respecto.

Andrés

Parte 7

Un poco de historia.


Como les dije, al otro día salí a un lugar maravilloso, los templos de Nikko, al norte de Tokio. Ese domingo mí tren salía a las 7 de la mañana de la estación de Shinjuku, llegué muy puntual y empecé mi primer viaje largo en tren por Japón. La campiña japonesa no es nada del otro mundo he de decir, todo muy plano y lleno de cultivos de arroz. Me impresionó que en algunos grupos de casas hubiera una especial que tenía un cementerio en el jardín. El viaje duró más o menos una hora y media pues, aunque eran sólo ochenta kilómetros, el tren no era un tren bala. El pueblo de Nikko queda en una zona montañosa llena de vegetación. Como gran atractivo, se respira un aire montañoso puro y frío, muy distinto al aire de Tokio y sus millones de carros.

Tomé un bus en la estación central del templo y este me dejó dos kilómetros más allá, en el comienzo del ascenso a los templos. Lo primero que se ve es un hermoso puente hecho en madera sobre un río. Como casi todos los lugares de culto Shintoista-budista, tenía un color rojo intenso que contrastaba muy bien con la vegetación de las montañas circundantes. En la dirección de Internet que di en una entrada anterior pueden ver algunas de las fotos que tomé de este puente.

Los templos de Nikko son uno de los lugares más representativos de la historia de Japón. Según la creencia japonesa, el año nuevo debe recibirse en un templo y Nikko es uno de los sitios más populares para ello. No estoy muy seguro pero los primeros templos eran el lugar de culto de una secta budista muy importante en la época, luego fue escogido por Ieyasu Tokugawa como el lugar de su tumba. Este personaje es muy importante, fue él quien unificó al país, y buena parte de los valores japoneses actuales provienen de él de una u otra forma. A tal punto llega la admiración de los japoneses por Tokugawa que se le confirió el título de deidad budista, y precisamente es en
Nikko donde está su lugar de adoración.

Voy a detenerme un poco en este personaje y les contaré por qué es tan importante. Esta parte la tomé del libro A History of Japan de Kenneth Henshall.

Entre 1333 y 1568, Japón atraviesa el llamado periodo Muromachi, la era de las guerras internas. El país se encuentra dividido en numerosos terrenos cada uno perteneciente a un señor feudal distinto (llamados Daimyoo). Durante siglos la constante es la guerra total, traiciones, alianzas, más traiciones, más alianzas, asesinatos selectivos y golpes de espada para todo lado. El final oficial de este periodo comienza en 1568 con la aparición de uno de esos personajes que dejan huella, su nombre Oda Nobunaga. El sujeto era el arquetipo del señor feudal japonés que todos tenemos en nuestra mente: astuto, excesivamente cruel y diestro como pocos en las artes de la guerra. Al principio no era más que otro Daimyoo codicioso, pero a punta de espada y tácticas de combate logró derrotar a todos los Daimyoo contra los que peleó. Su gran triunfo fue sitiar Kyoto y establecer como Shogun a un títere suyo (el título de Shogun sólo podía ser llevado por un miembro de la familia Ashikaga, y Nobunaga, ¡pues era de apellido Nobunaga!, nada que hacer). Eventualmente el títere no hizo las cosas bien y nuestro primer personaje simplemente lo exilió. El nombre del títere era Yoshiaki Ashikaga y el que no fuera asesinado fue un verdadero golpe de suerte pues Nobunaga no era precisamente el ser más piadoso sobre la tierra. Así, Nobunaga se dejó de pendejadas y se estableció como regente absoluto. Durante su gobierno asesinó a diestra y siniestra, en especial monjes budistas a quienes consideraba posibles fuentes de desorden civil, muchos miembros de su familia se contaron entre las víctimas, por ejemplo su hermano menor. Contra sus enemigos no mostró jamás piedad alguna, quemó vivos a veinte mil prisioneros después de una batalla y esa sólo es una de sus anécdotas. Como dicen los costeños: ``ese man era un áspero`` El legado de Nobunaga, además de historias de terror, fue empezar la unificación de Japón. Sólo un personaje con ese nivel de mano dura y astucia podía organizar el caos que reinaba en ese país. Durante su mandato distribuyó numerosas tierras conquistadas, prohibió a los civiles portar armas, estandarizó pesos y medidas y estableció un mandato central, aunque sólo logró unir la mitad del país.

Monday, December 04, 2006

Parte 6


La primera semana de conferencias era una escuela sobre geometría de Poisson, el remate de esta escuela era la exposición de Maxim Kontsevich. Este matemático ruso se hizo famoso cuando recibió la medalla Fields por las locuras que salían de su mente. La medalla Fields es el equivalente en matemáticas al premio Nobel y muy pocos la han ganado, es el premio más importante al que puede aspirar un matemático. Como era de esperarse, la exposición iba a ser muy concurrida. Aunque la analogía sea un poco rara, esa exposición era el equivalente matemático a un concierto de rock. Nunca había estado en un ambiente semejante, el gigantesco salón de conferencias se llenó por completo, incluso había mucha gente de pie. La mala ventilación hizo de las suyas y el calor humano era exagerado. Era un viernes y la exposición empezaba a las 4 de la tarde, los organizadores lo habían puesto como remate de la primera semana de eventos pues era difícil pensar en un mejor broche. Al llegar Kontsevich todo el mundo empezó a aplaudir y él simplemente empezó, ¡y empezó con toda!. Nunca en mi vida había visto una mezcla de genialidad y caos como ese día, su mente pensaba tan rápido que ni podía hablar a la misma velocidad, y eso que hablaba demasiado rápido. Escribía en el tablero afanosamente, casi con desesperación por no poder acelerar más, y de vez en cuando se volteaba hacia el público para decir alguna frase imposible de entender. En cierta forma era como si su mente quisiera escapar de las limitaciones de su cuerpo. Con semejante forma de exponer y el calor del recinto, pasó lo obvio y casi todo el mundo se durmió, además la exposición, originalmente de hora y media, empezó a acercarse a las dos horas y no había señales por ningún lado de que terminaría pronto. En mi caso, aún con problemas por el horario, no pude dormir, de hecho casi ni parpadeaba, y aunque no entendí una sola palabra, me resultaba fascinante observar al expositor.

El sábado salí a conocer la ciudad. Mi destino fue el parque Ueno, famoso por sus museos. Llegué muy temprano y aún no estaba abierto ningún museo, así que di un paseo por el lugar. Este parque es gigantesco, a un lado tiene un estanque lleno de flores de loto y en la mitad de este estanque se encuentra una pequeña pagoda muy bien decorada. La imagen de la pagoda en la mitad de los lotos es bastante impactante. El parque tiene también numerosos templitos y varias estatuas de personalidades importantes de Japón. Una cosa que me impresionó es la gran cantidad de gatos que merodeaban por todas partes, muy amistosos por cierto. Cuando al fin abrieron los museos, empecé por el metropolitano de Tokio, hice la fila y cuando abrieron las puertas yo simplemente seguí a la multitud y compré una boleta. La fila resultó ser para una exposición de pinturas traídas del museo de El Prado en España. Entre lo que trajeron estaba Velásquez, El Greco etc. La exposición fue muy interesante, y fué divertido haber visto cosas de un museo español en pleno Japón. Continué viendo otras exposiciones, en algunas incluso dejaban tomar fotos, algo inaudito en un museo. Al salir fui al museo nacional de Tokio, este contiene obras de arte de todas las épocas y regiones de Japón, tenía espadas, kimonos, kakimonos, estatuas de templos budistas y shintoistas y la cerámica de la era Yoomon. Esta cerámica es la más antigua conocida y data de los primeros habitantes de la isla, quienes llegaron a través de ciertos puentes naturales que unían Japón y China. Un museo extraordinario pero demasiado grande, así que no pude recorrerlo con calma, además mis pies me estaban matando. En un edificio contiguo se encontraba una colección de arte asiático bastante famosa según me di cuenta. En ese edificio había varias piezas de cerámica china. Me encantó la absoluta simpleza y hasta cierto punto ```frescura`` de estas piezas, las curvas de su diseño daban una sensación de fluidez y armonía. Después de almorzar, visité un museo de ciencia muy poco interesante, una vez salí de ahí me dirigí a otro lugar de la ciudad.

Tomando el metro llegué al distrito de Ginza, el distrito elegante de Tokio. En sus calles se encuentran muchos nombres famosos: Gucci, Cartier, Zenú (no mentiras, tampoco) etc. La gente en esta parte vestía muy elegante y salían de almacenes de más de ocho pisos. Ese día la calle era peatonal y pusieron mesas y sillas en la calle, todo esto producía un ambiente muy agradable. Me quedé dando vueltas hasta que anocheció y tomé muchas fotos de esta parte de la ciudad, con la noche aparecieron nuevamente los colores de los que tanto les he hablado.

Volver a los dormitorios fue una tortura debido al estado de mis pies, este problema estaba empezando a preocuparme, además al otro día tomaría un tren hacia el norte de Tokio a conocer otro lugar maravillo y allá tendría que caminar muchísimo.

En la siguiente entrada les hablaré de ese lugar.

Andrés

Sunday, November 26, 2006

(Esta es la continuación de la parte 5, tuve algunos problemas para subirla al blog. Empiecen a leer en la entrada de más abajo).




Llegué entonces a Akihabara, el distrito tecnológico de Tokio, aquí se consiguen computadores, celulares, videojuegos, cortaúñas con MP3 etc. No por nada el sobrenombre de este lugar es ‘’Electric Town’’. El distrito eléctrico es un lugar impresionante, al igual que Shibuya tiene muchas luces, televisores gigantes y letreros pero la gran diferencia radica en que este es un distrito comercial y el ambiente es muy distinto. Para comprar la cámara, fui a una tienda de aparatos electrónicos llamada big Camera. El nombre estaba muy bien puesto pues era un edificio de ocho pisos y cada uno era más o menos del tamaño de una cancha de fútbol. En el primer piso sólo había celulares y reproductores de MP3, más arriba televisores de pantalla plana, equipos de sonido, Software, computadores portátiles, electrodomésticos y muchísimas cosas más. Creo que las cámaras estaban en el cuarto piso, al llegar me di cuenta que la decisión sería difícil porque había demasiado de donde escoger. La parte de cámaras digitales tenía por lo menos cien en vitrina y cada una hacía esto y lo otro. Me demoré mucho decidiendo y acaparé al único vendedor de toda la tienda que hablaba un poquito de inglés, muy poquito de hecho, y explicarle lo que yo quería, incluyendo mi presupuesto, mezclando señas con palabras de inglés y un poquito de japonés fue muy dispendioso. Al final conseguí una Exilim de Casio, con una resolución de diez megapixels, algo exagerado pero yo quería tener las fotos más nítidas posibles pues, cuando pase el tiempo, sólo ellas le permitirán a mi mente revivir con exactitud la gran cantidad de recuerdos que tengo.

Al salir de la tienda recorrí un poco más la zona y finalmente me dirigí al complejo para descansar.

Debido a que ha pasado mucho tiempo desde que volví, algunos recuerdos han empezado a confundirse, en especial el orden cronológico de ciertos eventos. Digo esto porque creo que fue esa noche cuando sucedió lo que voy a narrar aunque pudo haber sido la siguiente.

Llegando al complejo, salí a buscar algo de comer. No había visto los horarios bien y llegué muy tarde a la cafetería principal. De hecho no tan tarde pero esta cafetería se cerraba a las siete de la tarde y ya eran más o menos las ocho. Por haber caminado tanto durante esos días y no tener unos zapatos muy cómodos, mis pies me torturaban y eso repercutió seriamente en mi estado de ánimo, en pocas palabras: ‘’estaba muy berraco’’. Encontrar la cafetería cerrada fue la cereza del pastel, no me di cuenta sino varios días después que las otras cafeterías del conjunto abrían hasta muy tarde. No tuve otra opción que salir del complejo a buscar un restaurante pues en mi caso hambre mata cansancio. Entonces las cosas se me complicaron más pues no encontraba un restaurante que me gustara, todos eran o caros o feos o estaban llenos de gente. Al final me metí a un bar de Sushi muy pequeño pero muy bonito, de todos los lugares a los que había ido este era el más representativo de la cultura japonesa. Me senté, pedí unos makis y cuando me preguntaron que quería tomar dije ‘’Coca-Cola’’, en ese momento toda la gente que estaba en el lugar se carcajeó. Mi reacción fue mirarlos con cara de puño, en ese momento no estaba para bromas. En retrospectiva, pedir Sushi con Coca-Cola es como pedir tamal con champaña, así que tenían razón en reírse. Yo sabía que el Sushi se come con cerveza o con Nihonshu pero, estando tan cansado, temía acabar borracho o que el trago me sentara mal. A diez mil kilómetros de casa era mejor no tentar el destino. Un par de japoneses me habían estado viendo con curiosidad y me preguntaron de donde venía, les dije que venía de Colombia y la razón del viaje. La conversación continuó, a pesar de que yo casi no hablaba japonés y ellos hablaban menos inglés. Entonces sucedió lo que me temía, uno de ellos me invitó una cerveza, y en Japón las latas de cerveza son el doble de grandes que en Colombia. Yo estaba muy cansado y los ojos se me cerraban, pero una regla inquebrantable en Japón es nunca rechazar una invitación o un regalo. La cultura japonesa se basa fuertemente en el protocolo y el ofrecer un regalo y que este sea rechazado es el peor insulto concebible para un japonés. Acepté la cerveza y como era de esperarse me mareó casi al instante, menos mal había comido algo y eso en algo ayudó. Después de más de una hora de conversación, me invitaron Nihonshu y en ese momento no tuve más remedio que ser descortés y decir que no debía tomar más. Los japoneses habían sido muy amables y me dio mucha pena rechazar la oferta pero yo estaba seguro que de seguir tomando acabaría en pocos instantes cantando en la calle o dormido en un basurero. Esa noche llegué a mi cuarto y caí como una piedra.

El mayor error que cometí en el viaje fue subestimar mis pies, a partir de ese día me empezaron a doler fuertemente, al punto que condicionaron buena parte de las actividades que realizaba. Como consejo, si por alguna razón los pies empiezan a dolerles durante un viaje, cambien de zapatos al instante y pongan sus pies en agua caliente con sal, eso ayuda mucho.

Bueno, hasta la próxima.

Andrés.

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Parte 5.

Los primeros dos días de conferencias fueron más o menos iguales: todo el día en la universidad para luego salir a tomar algo y comer en algún restaurante de Yokohama o Tokio. Yo no había llevado cámara pues esperaba comprar una de última generación allá. El miércoles de esa semana me embarqué en mi primera salida completamente solo por Tokio. La idea era salir de las conferencias de la mañana y no asistir a las de la tarde. Una vez almorcé me subí a la línea de metro que me dejaría en la estación de Shibuya, allí tomaría la línea Yamanote hasta la estación de Akihabara. La línea Yamanote es la única línea pública del metro de Tokio y además la más antigua. El metro de Tokio se divide en numerosas líneas, cada una administrada por una compañía distinta, en ciertas estaciones grandes convergen varias de estas líneas y toca hacer transbordos. Cada tiquete vale más o menos 100 yenes. Cuando hablo de estaciones grandes digo estaciones gigantes, en especial la estación de Shinjuku, la cual, según creo, es la estación de metro más concurrida del mundo. Cada día pasa un millón de personas por esta estación solamente (eso es toda la gente que se sube al transmilenio en un día), y en la estación se ven letreros como ‘’Yoomon line 400 meters’’. Fue precisamente en esta estación donde había quedado de encontrarme con Alexander el primer día.

Manejar el metro de Tokio no es tan difícil si uno sabe algo de japonés, en especial porque en algunas estaciones no hay letreros en inglés y toca preguntarle a un transeúnte cuanto cuesta el tiquete a cierta estación. Por si les interesa, así se preguntaría el valor de un tiquete hasta la estación de harajuku:

‘’Sumimasen, onegai shimasu, harajuku made, ¿Ikura desu ka?’’

A continuación le dirán el valor del tiquete. Basado en mi experiencia, les recomiendo que si viajan a un país con otro idioma, por lo menos traten de aprender los números, es increíble lo mucho que me sirvió saberlos. Otro dato interesante: los japoneses no ponen las comas de los números cada tres ceros sino cada cuatro, así un millón para ellos es cien diez miles.

Sunday, November 19, 2006

Parte 4


Al otro día me levanté a las 5 de la mañana. A pesar del cansancio extremo, el efecto del cambio de horario es una cosa tenaz, sobretodo si son 14 horas de diferencia. Entonces ahí estaba, mirando el techo de la habitación, sintiéndome bien raro, al fin y al cabo ¡ESTABA EN TOKIO! El lugar de la conferencia era bastante grande, un complejo de edificios llamado Tokio Youth Memorial Center. Fue construido para los juegos olímpicos celebrados en Tokio creo que en los años 60. Además de los edificios de alojamiento, tenía tres cafeterías, piscina olímpica, canchas de tenis y una pequeña casa estilo japonés cuyo objetivo era enseñar la ceremonia del te. El complejo era usado por estudiantes de colegios y universidades del país para alojarse en los viajes de excursión a la capital. Por todas partes se veían niños pequeños, delegaciones deportivas, delegaciones extranjeras etc.., era un lugar muy movido.

Lo mejor del complejo era su ubicación, estaba justo al lado del famoso Yoyogi Koen, un parque gigantesco en cuyo interior se encuentra un templo Shintoista de la era Meiji. Al terminar de bañarme me encontré con dos francesas que venían al evento, ambas amigas de Florent. La primera semana de conferencias no se desarrollaría en el complejo sino en la universidad de Keio. Esta universidad no queda en Tokio sino en Yokohama, una ciudad gigantesca eventualmente fusionada con Tokio. Si se considera a Tokio y Yokohama como una sola ciudad, seguramente debe ser la más grande del mundo. Para ir a Yokohama había que tomar un metro en la estación de Harajuku, esta estaba al otro lado del parque. Por alguna razón, yo estaba completamente elevado y no me daba cuenta de nada, seguramente por la emoción y la falta de sueño, lo cierto es que las muchachas trataban de buscar la bendita estación y yo simplemente las seguía sin ayudar en nada, como un zombi. En ese momento no sabíamos que cruzando el parque se llegaba muy rápido y en vez de eso rodeamos el parque y la que debía ser una caminata de diez minutos se convirtió en una maratón de casi una hora. El sol radiante no contribuía y alguna pregunta mía sobre si estábamos perdidos empezó a calentar un poco los ánimos. Justo antes de que hubiera pelea llegamos a la estación y ahí nos esperaba Florent. Tomamos el metro y nos bajamos en la estación de Hiyoshi, el lugar donde quedaba la universidad.

La universidad de Keio es la universidad privada más importante de Japón, su fundador incluso aparece en los billetes de 10000 yenes (casi 100 dólares). No voy a hablar de las exposiciones de la conferencia, lo único que diré al respecto es que esa escuela reunía a todos los expertos en geometría de Poisson (cierta rama de la geometría relacionada fuertemente con el tema de mi tesis de maestría) y que por lo tanto era un muestrario de genios (y hasta cierto punto de fenómenos). El departamento de matemáticas estaba en un hermoso edificio hecho de metal y vidrio, con una iluminación natural muy bien lograda. El campus Hiyoshi era el de postgrado mientras que el Yamagi era de pregrado. Todas las conferencias se llevaron a cabo en el edificio de matemáticas del campus Hiyoshi.

El efecto del cambio de horario lo sentí de una manera muy chistosa: a las dos de la tarde reanudaron las conferencias del primer día, esta conferencia fue tenaz pues el expositor usó retroproyector con acetatos. Imaginen la escena: dos de la tarde, el salón increíblemente caluroso, oscuro, con participantes que la víspera habían viajado muchas horas y el expositor que, aunque parecía un levantador de pesas, tenía una voz de niña chiquita y tímida, bueno ya se imaginan. Sucedió lo obvio y todos se durmieron, pero yo no podía ni siquiera parpadear. Lo bueno de eso fue que puse atención y entendí bastante. A raíz de ese desastre se decidió que no volvería a haber exposiciones con acetatos, al menos hasta que la gente se recuperara del viaje.

Terminado el primer día fuimos con Alexander, Florent y otros al centro de tokio. Ahí vi por primera vez el cruce de Shibuya (si ustedes han visto Lost in Translation, lo identificarán por la escena del dinosaurio en el edificio). Shibuya es la absoluta locura, hay muchas más luces que en los otros sitios, miles de tiendas y miles de personas, la mayoría jóvenes con unas pintas muy raras. Cuando digo muy raras no lo digo como esmoquin rosado con cachucha, digo raras como muchachas vestidas de pastorcitas con flecos en el vestido, maquillaje de locas y hasta el bastón, y ese es sólo un ejemplo de lo que se veía. Más de una vez pregunté si lo que veía era prostitutas o algo así, en realidad eran muchachas de 16 que estaban con las amigas y que habían gastado un kilo de maquillaje cada una. La alienación es algo que preocupa mucho a los jóvenes según me di cuenta, y cada uno trata a toda costa de resaltar sobre los otros, aún si eso implica ponerse pintas que hacen que Marilyn Manson parezca un Boyscout.

Por primera vez en el viaje entré a un bar japonés. En Japón no se acostumbra beber exclusivamente, el plan en cambio es tomar cerveza y comer pasabocas como salchichas, vegetales, pinchos de carne y pollo, hongos Shitake y mucho más. Una vez se está satisfecho, se empieza a tomar Sake (en realidad Sake quiere decir bebida alcohólica en japonés, el licor que nosotros conocemos como Sake, en Japón se llama Nihonshu). El Nihonshu lo sirvieron frío (también se toma caliente) en una copa de vidrio, lo interesante es que la copa venía al ras y metida en una cajita sin tapa hecha en madera, en la caja venía más licor y la idea era echarlo en la copa una vez se hubiera terminado de beber la primera tanda. Hacen eso pues es una tradición que la copa se sirva al máximo posible y que el líquido en el tope de la copa tome una forma curveada. No se si me entiendan la explicación. En total fue una velada deliciosa, que se repetiría varias veces en lo sucesivo pues congreso o conferencia que se respete tiene un fuerte contenido de trago y diversión.


Hasta la próxima.

Andrés


Respecto a las fotos, por alguna razón que no entiendo, no he podido subirlas en este blog. Sin embargo en esta dirección pueden ver algunas fotos de mi viaje.

http://andreslhmiespacio.spaces.live.com

Tengan paciencia pues las fotos se demoran en cargar.

Sunday, November 12, 2006

Parte 3.


La terminal del aeropuerto Narita es impresionante, además de los sitios de recibimiento de equipaje, hay un centro comercial completo en el segundo piso. En el primero pasé arrendando un celular y cambiando dinero. Continuamente hablaré del valor de las cosas en yenes así que lo mejor será aclarar que un dólar son más o menos 100 yenes. Una vez cambié algún dinero, tenía que empezar a ver como iba a llegar a Tokio. El aeropuerto Narita queda en la región de Narita, ¡a más de 100 kilómetros de Tokio!, así que lo mejor era buscar un medio de transporte y rápido. Yo había quedado con Alexander en que iba a tomar el Narita Express, este es un tren rápido que conecta directamente con la estación de metro de Shinjuku, lugar de nuestro supuesto encuentro. Teniendo el celular llamé a un número que Alexander me había dado, resultó ser el teléfono de otro participante a la conferencia de nombre Florent quien muy amablemente me dio varias ideas y me dijo que lo mejor era que me fuera en bus pues para empezar era más barato. El bus no me dejaría adentro de la estación sino enfrente a un hotel donde nos encontraríamos, él fue a Shinjuku a decirle a Alexander sobre el cambio de planes. Llegar a Tokio no es fácil, y estoy muy agradecido con Florent por toda la ayuda que me brindó, no sólo en ese momento sino en varias ocasiones durante el viaje. Al momento de pagar el tiquete de bus en el aeropuerto, confundí los billetes de mil yenes con los de diez mil y la encargada de la ventanilla me hizo caer en cuenta. Ese errorcito me habría costado casi trescientos dólares. Recordé que uno de los consejos más recurrentes en mi casa fue ¡pilas con la plata, si la pierde se friega en serio!

Tomé el bus hacía el hotel y me tocó al lado un australiano muy amable con el que hablé todo el trayecto. Desde el celular me comuniqué con mi casa, ¡ya voy hacia Tokio!, no podía creer que estaba diciendo eso.

Mi primera impresión de Japón fue de un país muy plano, con carreteras perfectas y muchísima limpieza, no se veían ni graffiti ni basura. Había muchas plantaciones de arroz e industrias en el trayecto. La entrada a Tokio era bastante lenta, como me lo imaginaba el tráfico era tenaz en esa parte, también me impresionó que estuvimos ´´entrando’’ durante varios kilómetros. Es una ciudad para la cual el término gigantesco no es suficiente.

Cuando al fin íbamos llegando en serio, empecé a ver bien como era la ciudad y claro, a maravillarme con todo. ¿Cómo describir esa sensación?, posiblemente una canción ayude a hacerse una idea y definitivamente ``City of Blinding Lights´´ de U2 es la apropiada. Hay luces por todas partes: anuncios de Coca Cola, de la selección de fútbol de Japón, de almacenes de cadena, mejor dicho, de todo. De hecho, las luces producen un efecto muy interesante sobre el ambiente, todo toma un color distinto, unos tonos azulados en las calles muy difíciles de explicar. Definitivamente es otro mundo, ni en New York había visto algo así. Estos colores influyen muchísimo en la vida nocturna, habiendo iluminación todo tiene una vida muy particular y por todas partes se veían ríos de personas. Al fin me bajé frente al hotel y entré al Lobby, a los pocos segundos llegó Florent y una vez que me encontré con alguien conocido sentí un gran alivio.

Fuimos entonces a tomar el metro que llevaba al lugar de alojamiento, fue mi primera caminata por la ciudad más maravillosa del planeta. Insisto en los colores pues estaban por todas partes, y esos tonos que aparecían eran tan extraños que me empezaron a hacer pensar que podían ser fruto de mi cansancio más que de otra cosa, obviamente no era así. Tokio es una sobrecarga a los sentidos, la gente, las luces, las tiendas, el metro, todo se junta para formar esa hermosa mezcla de cultura y tecnología.

Una vez en el sitio de alojamiento, pude dejar las maletas y descansar un poco. Tuve la inmensa fortuna de recibir una habitación en un piso alto con una vista increíble. Me tenía que poner a dormir pues al otro día empezaban los eventos. La mezcla de cansancio y felicidad extrema era una sensación única.

Al otro día sucedieron muchas cosas, pero eso en la próxima entrada.

Andrés