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Creo que el problema del irrespeto empieza en la educación que se recibe en la casa. Hace poco tiempo un sujeto de unos cuarenta años empezó a insultarme en una fila de banco porque no quería dejarlo colar (los detalles de este vergonzoso incidente no son necesarios). Aquellos que me conocen saben bien que no se necesita mucho para ponerme de mal genio así que empecé a responderle, en seguida los dos hijos del sujeto se me acercaron y entre todos me querían golpear. Como el guardia del banco intervino al final no pasó nada. Lo mejor del cuento es que no dejé que irrespetara mi turno y le tocó esperar. No puedo asegurar como ha educado este sujeto a sus dos hijitos pero si estoy seguro que no les da un buen ejemplo, y lo más probable es que cuando sus engendros tengan familia serán igualitos ¡y en Colombia se aterran de los altos índices de violencia familiar! El respeto se aprende en la casa y lastimosamente buena parte de los niños y jóvenes vienen de hogares donde los papás tienen todas las malas costumbres tan arraigadas que, por más que hablen de respeto, educación y esas cosas, al no dar ejemplo están criando una nueva generación con los mismos problemas.
Después de quejarme tanto creo que lo menos que puedo hacer es proponer una solución. El problema es que no es fácil, nada fácil. Podría procurarse enseñar civismo y respeto en los colegios pero todo el mundo sabe que éste tipo de cosas se aprenden en la casa así que por más que un profesor le repita sin parar “respete malp…..ido”, poco efecto va a tener en la vida cotidiana. Un cambio de mentalidad toma mucho tiempo por lo que soluciones inmediatas son imposibles, pero creo que lo único sería aplicar el cambio de mentalidad a la fuerza, como hicieron Peñalosa y Mockus en Bogotá. Si un taxista no le quiere bajar el volumen al equipo de sonido, denunciarlo y que le pongan multa, si un bus lleva demasiados pasajeros, multarlo. Yo sé bien que todo esto existe ya, sin embargo no se aplica y, debido a que todos los buseteros y taxistas lo hacen frecuentemente, ya ni se les llama la atención.
Para aplicar la idea de hacer respetar a la fuerza creo que sólo habría una manera de hacerlo efectivo y esa es multando y multando duro. En Colombia mucha gente tiene una forma muy divertida de pensar, por ejemplo evitan pasar los semáforos en rojo pensando en la posible multa de quinientos mil pesos y no en un posible choque con muertos y todo. Como las multas sí surten efecto creo que es una solución posible, aunque claro está, surge el dilema de “La naranja mecánica”: la gente respeta por miedo al castigo y no porque de verdad desee hacerlo. Ahí si no sabría que decir, creo que aquí hay un buen tema de debate.
Sigo después
Andrés.
