Introspección

Sunday, November 26, 2006

(Esta es la continuación de la parte 5, tuve algunos problemas para subirla al blog. Empiecen a leer en la entrada de más abajo).




Llegué entonces a Akihabara, el distrito tecnológico de Tokio, aquí se consiguen computadores, celulares, videojuegos, cortaúñas con MP3 etc. No por nada el sobrenombre de este lugar es ‘’Electric Town’’. El distrito eléctrico es un lugar impresionante, al igual que Shibuya tiene muchas luces, televisores gigantes y letreros pero la gran diferencia radica en que este es un distrito comercial y el ambiente es muy distinto. Para comprar la cámara, fui a una tienda de aparatos electrónicos llamada big Camera. El nombre estaba muy bien puesto pues era un edificio de ocho pisos y cada uno era más o menos del tamaño de una cancha de fútbol. En el primer piso sólo había celulares y reproductores de MP3, más arriba televisores de pantalla plana, equipos de sonido, Software, computadores portátiles, electrodomésticos y muchísimas cosas más. Creo que las cámaras estaban en el cuarto piso, al llegar me di cuenta que la decisión sería difícil porque había demasiado de donde escoger. La parte de cámaras digitales tenía por lo menos cien en vitrina y cada una hacía esto y lo otro. Me demoré mucho decidiendo y acaparé al único vendedor de toda la tienda que hablaba un poquito de inglés, muy poquito de hecho, y explicarle lo que yo quería, incluyendo mi presupuesto, mezclando señas con palabras de inglés y un poquito de japonés fue muy dispendioso. Al final conseguí una Exilim de Casio, con una resolución de diez megapixels, algo exagerado pero yo quería tener las fotos más nítidas posibles pues, cuando pase el tiempo, sólo ellas le permitirán a mi mente revivir con exactitud la gran cantidad de recuerdos que tengo.

Al salir de la tienda recorrí un poco más la zona y finalmente me dirigí al complejo para descansar.

Debido a que ha pasado mucho tiempo desde que volví, algunos recuerdos han empezado a confundirse, en especial el orden cronológico de ciertos eventos. Digo esto porque creo que fue esa noche cuando sucedió lo que voy a narrar aunque pudo haber sido la siguiente.

Llegando al complejo, salí a buscar algo de comer. No había visto los horarios bien y llegué muy tarde a la cafetería principal. De hecho no tan tarde pero esta cafetería se cerraba a las siete de la tarde y ya eran más o menos las ocho. Por haber caminado tanto durante esos días y no tener unos zapatos muy cómodos, mis pies me torturaban y eso repercutió seriamente en mi estado de ánimo, en pocas palabras: ‘’estaba muy berraco’’. Encontrar la cafetería cerrada fue la cereza del pastel, no me di cuenta sino varios días después que las otras cafeterías del conjunto abrían hasta muy tarde. No tuve otra opción que salir del complejo a buscar un restaurante pues en mi caso hambre mata cansancio. Entonces las cosas se me complicaron más pues no encontraba un restaurante que me gustara, todos eran o caros o feos o estaban llenos de gente. Al final me metí a un bar de Sushi muy pequeño pero muy bonito, de todos los lugares a los que había ido este era el más representativo de la cultura japonesa. Me senté, pedí unos makis y cuando me preguntaron que quería tomar dije ‘’Coca-Cola’’, en ese momento toda la gente que estaba en el lugar se carcajeó. Mi reacción fue mirarlos con cara de puño, en ese momento no estaba para bromas. En retrospectiva, pedir Sushi con Coca-Cola es como pedir tamal con champaña, así que tenían razón en reírse. Yo sabía que el Sushi se come con cerveza o con Nihonshu pero, estando tan cansado, temía acabar borracho o que el trago me sentara mal. A diez mil kilómetros de casa era mejor no tentar el destino. Un par de japoneses me habían estado viendo con curiosidad y me preguntaron de donde venía, les dije que venía de Colombia y la razón del viaje. La conversación continuó, a pesar de que yo casi no hablaba japonés y ellos hablaban menos inglés. Entonces sucedió lo que me temía, uno de ellos me invitó una cerveza, y en Japón las latas de cerveza son el doble de grandes que en Colombia. Yo estaba muy cansado y los ojos se me cerraban, pero una regla inquebrantable en Japón es nunca rechazar una invitación o un regalo. La cultura japonesa se basa fuertemente en el protocolo y el ofrecer un regalo y que este sea rechazado es el peor insulto concebible para un japonés. Acepté la cerveza y como era de esperarse me mareó casi al instante, menos mal había comido algo y eso en algo ayudó. Después de más de una hora de conversación, me invitaron Nihonshu y en ese momento no tuve más remedio que ser descortés y decir que no debía tomar más. Los japoneses habían sido muy amables y me dio mucha pena rechazar la oferta pero yo estaba seguro que de seguir tomando acabaría en pocos instantes cantando en la calle o dormido en un basurero. Esa noche llegué a mi cuarto y caí como una piedra.

El mayor error que cometí en el viaje fue subestimar mis pies, a partir de ese día me empezaron a doler fuertemente, al punto que condicionaron buena parte de las actividades que realizaba. Como consejo, si por alguna razón los pies empiezan a dolerles durante un viaje, cambien de zapatos al instante y pongan sus pies en agua caliente con sal, eso ayuda mucho.

Bueno, hasta la próxima.

Andrés.

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Parte 5.

Los primeros dos días de conferencias fueron más o menos iguales: todo el día en la universidad para luego salir a tomar algo y comer en algún restaurante de Yokohama o Tokio. Yo no había llevado cámara pues esperaba comprar una de última generación allá. El miércoles de esa semana me embarqué en mi primera salida completamente solo por Tokio. La idea era salir de las conferencias de la mañana y no asistir a las de la tarde. Una vez almorcé me subí a la línea de metro que me dejaría en la estación de Shibuya, allí tomaría la línea Yamanote hasta la estación de Akihabara. La línea Yamanote es la única línea pública del metro de Tokio y además la más antigua. El metro de Tokio se divide en numerosas líneas, cada una administrada por una compañía distinta, en ciertas estaciones grandes convergen varias de estas líneas y toca hacer transbordos. Cada tiquete vale más o menos 100 yenes. Cuando hablo de estaciones grandes digo estaciones gigantes, en especial la estación de Shinjuku, la cual, según creo, es la estación de metro más concurrida del mundo. Cada día pasa un millón de personas por esta estación solamente (eso es toda la gente que se sube al transmilenio en un día), y en la estación se ven letreros como ‘’Yoomon line 400 meters’’. Fue precisamente en esta estación donde había quedado de encontrarme con Alexander el primer día.

Manejar el metro de Tokio no es tan difícil si uno sabe algo de japonés, en especial porque en algunas estaciones no hay letreros en inglés y toca preguntarle a un transeúnte cuanto cuesta el tiquete a cierta estación. Por si les interesa, así se preguntaría el valor de un tiquete hasta la estación de harajuku:

‘’Sumimasen, onegai shimasu, harajuku made, ¿Ikura desu ka?’’

A continuación le dirán el valor del tiquete. Basado en mi experiencia, les recomiendo que si viajan a un país con otro idioma, por lo menos traten de aprender los números, es increíble lo mucho que me sirvió saberlos. Otro dato interesante: los japoneses no ponen las comas de los números cada tres ceros sino cada cuatro, así un millón para ellos es cien diez miles.

Sunday, November 19, 2006

Parte 4


Al otro día me levanté a las 5 de la mañana. A pesar del cansancio extremo, el efecto del cambio de horario es una cosa tenaz, sobretodo si son 14 horas de diferencia. Entonces ahí estaba, mirando el techo de la habitación, sintiéndome bien raro, al fin y al cabo ¡ESTABA EN TOKIO! El lugar de la conferencia era bastante grande, un complejo de edificios llamado Tokio Youth Memorial Center. Fue construido para los juegos olímpicos celebrados en Tokio creo que en los años 60. Además de los edificios de alojamiento, tenía tres cafeterías, piscina olímpica, canchas de tenis y una pequeña casa estilo japonés cuyo objetivo era enseñar la ceremonia del te. El complejo era usado por estudiantes de colegios y universidades del país para alojarse en los viajes de excursión a la capital. Por todas partes se veían niños pequeños, delegaciones deportivas, delegaciones extranjeras etc.., era un lugar muy movido.

Lo mejor del complejo era su ubicación, estaba justo al lado del famoso Yoyogi Koen, un parque gigantesco en cuyo interior se encuentra un templo Shintoista de la era Meiji. Al terminar de bañarme me encontré con dos francesas que venían al evento, ambas amigas de Florent. La primera semana de conferencias no se desarrollaría en el complejo sino en la universidad de Keio. Esta universidad no queda en Tokio sino en Yokohama, una ciudad gigantesca eventualmente fusionada con Tokio. Si se considera a Tokio y Yokohama como una sola ciudad, seguramente debe ser la más grande del mundo. Para ir a Yokohama había que tomar un metro en la estación de Harajuku, esta estaba al otro lado del parque. Por alguna razón, yo estaba completamente elevado y no me daba cuenta de nada, seguramente por la emoción y la falta de sueño, lo cierto es que las muchachas trataban de buscar la bendita estación y yo simplemente las seguía sin ayudar en nada, como un zombi. En ese momento no sabíamos que cruzando el parque se llegaba muy rápido y en vez de eso rodeamos el parque y la que debía ser una caminata de diez minutos se convirtió en una maratón de casi una hora. El sol radiante no contribuía y alguna pregunta mía sobre si estábamos perdidos empezó a calentar un poco los ánimos. Justo antes de que hubiera pelea llegamos a la estación y ahí nos esperaba Florent. Tomamos el metro y nos bajamos en la estación de Hiyoshi, el lugar donde quedaba la universidad.

La universidad de Keio es la universidad privada más importante de Japón, su fundador incluso aparece en los billetes de 10000 yenes (casi 100 dólares). No voy a hablar de las exposiciones de la conferencia, lo único que diré al respecto es que esa escuela reunía a todos los expertos en geometría de Poisson (cierta rama de la geometría relacionada fuertemente con el tema de mi tesis de maestría) y que por lo tanto era un muestrario de genios (y hasta cierto punto de fenómenos). El departamento de matemáticas estaba en un hermoso edificio hecho de metal y vidrio, con una iluminación natural muy bien lograda. El campus Hiyoshi era el de postgrado mientras que el Yamagi era de pregrado. Todas las conferencias se llevaron a cabo en el edificio de matemáticas del campus Hiyoshi.

El efecto del cambio de horario lo sentí de una manera muy chistosa: a las dos de la tarde reanudaron las conferencias del primer día, esta conferencia fue tenaz pues el expositor usó retroproyector con acetatos. Imaginen la escena: dos de la tarde, el salón increíblemente caluroso, oscuro, con participantes que la víspera habían viajado muchas horas y el expositor que, aunque parecía un levantador de pesas, tenía una voz de niña chiquita y tímida, bueno ya se imaginan. Sucedió lo obvio y todos se durmieron, pero yo no podía ni siquiera parpadear. Lo bueno de eso fue que puse atención y entendí bastante. A raíz de ese desastre se decidió que no volvería a haber exposiciones con acetatos, al menos hasta que la gente se recuperara del viaje.

Terminado el primer día fuimos con Alexander, Florent y otros al centro de tokio. Ahí vi por primera vez el cruce de Shibuya (si ustedes han visto Lost in Translation, lo identificarán por la escena del dinosaurio en el edificio). Shibuya es la absoluta locura, hay muchas más luces que en los otros sitios, miles de tiendas y miles de personas, la mayoría jóvenes con unas pintas muy raras. Cuando digo muy raras no lo digo como esmoquin rosado con cachucha, digo raras como muchachas vestidas de pastorcitas con flecos en el vestido, maquillaje de locas y hasta el bastón, y ese es sólo un ejemplo de lo que se veía. Más de una vez pregunté si lo que veía era prostitutas o algo así, en realidad eran muchachas de 16 que estaban con las amigas y que habían gastado un kilo de maquillaje cada una. La alienación es algo que preocupa mucho a los jóvenes según me di cuenta, y cada uno trata a toda costa de resaltar sobre los otros, aún si eso implica ponerse pintas que hacen que Marilyn Manson parezca un Boyscout.

Por primera vez en el viaje entré a un bar japonés. En Japón no se acostumbra beber exclusivamente, el plan en cambio es tomar cerveza y comer pasabocas como salchichas, vegetales, pinchos de carne y pollo, hongos Shitake y mucho más. Una vez se está satisfecho, se empieza a tomar Sake (en realidad Sake quiere decir bebida alcohólica en japonés, el licor que nosotros conocemos como Sake, en Japón se llama Nihonshu). El Nihonshu lo sirvieron frío (también se toma caliente) en una copa de vidrio, lo interesante es que la copa venía al ras y metida en una cajita sin tapa hecha en madera, en la caja venía más licor y la idea era echarlo en la copa una vez se hubiera terminado de beber la primera tanda. Hacen eso pues es una tradición que la copa se sirva al máximo posible y que el líquido en el tope de la copa tome una forma curveada. No se si me entiendan la explicación. En total fue una velada deliciosa, que se repetiría varias veces en lo sucesivo pues congreso o conferencia que se respete tiene un fuerte contenido de trago y diversión.


Hasta la próxima.

Andrés


Respecto a las fotos, por alguna razón que no entiendo, no he podido subirlas en este blog. Sin embargo en esta dirección pueden ver algunas fotos de mi viaje.

http://andreslhmiespacio.spaces.live.com

Tengan paciencia pues las fotos se demoran en cargar.

Sunday, November 12, 2006

Parte 3.


La terminal del aeropuerto Narita es impresionante, además de los sitios de recibimiento de equipaje, hay un centro comercial completo en el segundo piso. En el primero pasé arrendando un celular y cambiando dinero. Continuamente hablaré del valor de las cosas en yenes así que lo mejor será aclarar que un dólar son más o menos 100 yenes. Una vez cambié algún dinero, tenía que empezar a ver como iba a llegar a Tokio. El aeropuerto Narita queda en la región de Narita, ¡a más de 100 kilómetros de Tokio!, así que lo mejor era buscar un medio de transporte y rápido. Yo había quedado con Alexander en que iba a tomar el Narita Express, este es un tren rápido que conecta directamente con la estación de metro de Shinjuku, lugar de nuestro supuesto encuentro. Teniendo el celular llamé a un número que Alexander me había dado, resultó ser el teléfono de otro participante a la conferencia de nombre Florent quien muy amablemente me dio varias ideas y me dijo que lo mejor era que me fuera en bus pues para empezar era más barato. El bus no me dejaría adentro de la estación sino enfrente a un hotel donde nos encontraríamos, él fue a Shinjuku a decirle a Alexander sobre el cambio de planes. Llegar a Tokio no es fácil, y estoy muy agradecido con Florent por toda la ayuda que me brindó, no sólo en ese momento sino en varias ocasiones durante el viaje. Al momento de pagar el tiquete de bus en el aeropuerto, confundí los billetes de mil yenes con los de diez mil y la encargada de la ventanilla me hizo caer en cuenta. Ese errorcito me habría costado casi trescientos dólares. Recordé que uno de los consejos más recurrentes en mi casa fue ¡pilas con la plata, si la pierde se friega en serio!

Tomé el bus hacía el hotel y me tocó al lado un australiano muy amable con el que hablé todo el trayecto. Desde el celular me comuniqué con mi casa, ¡ya voy hacia Tokio!, no podía creer que estaba diciendo eso.

Mi primera impresión de Japón fue de un país muy plano, con carreteras perfectas y muchísima limpieza, no se veían ni graffiti ni basura. Había muchas plantaciones de arroz e industrias en el trayecto. La entrada a Tokio era bastante lenta, como me lo imaginaba el tráfico era tenaz en esa parte, también me impresionó que estuvimos ´´entrando’’ durante varios kilómetros. Es una ciudad para la cual el término gigantesco no es suficiente.

Cuando al fin íbamos llegando en serio, empecé a ver bien como era la ciudad y claro, a maravillarme con todo. ¿Cómo describir esa sensación?, posiblemente una canción ayude a hacerse una idea y definitivamente ``City of Blinding Lights´´ de U2 es la apropiada. Hay luces por todas partes: anuncios de Coca Cola, de la selección de fútbol de Japón, de almacenes de cadena, mejor dicho, de todo. De hecho, las luces producen un efecto muy interesante sobre el ambiente, todo toma un color distinto, unos tonos azulados en las calles muy difíciles de explicar. Definitivamente es otro mundo, ni en New York había visto algo así. Estos colores influyen muchísimo en la vida nocturna, habiendo iluminación todo tiene una vida muy particular y por todas partes se veían ríos de personas. Al fin me bajé frente al hotel y entré al Lobby, a los pocos segundos llegó Florent y una vez que me encontré con alguien conocido sentí un gran alivio.

Fuimos entonces a tomar el metro que llevaba al lugar de alojamiento, fue mi primera caminata por la ciudad más maravillosa del planeta. Insisto en los colores pues estaban por todas partes, y esos tonos que aparecían eran tan extraños que me empezaron a hacer pensar que podían ser fruto de mi cansancio más que de otra cosa, obviamente no era así. Tokio es una sobrecarga a los sentidos, la gente, las luces, las tiendas, el metro, todo se junta para formar esa hermosa mezcla de cultura y tecnología.

Una vez en el sitio de alojamiento, pude dejar las maletas y descansar un poco. Tuve la inmensa fortuna de recibir una habitación en un piso alto con una vista increíble. Me tenía que poner a dormir pues al otro día empezaban los eventos. La mezcla de cansancio y felicidad extrema era una sensación única.

Al otro día sucedieron muchas cosas, pero eso en la próxima entrada.

Andrés

Friday, November 10, 2006

Parte 2

Los vuelos de Continental entre Estados Unidos y Japón se realizan en aviones muy grandes y muy cómodos. Aún cuando no estaba en primera clase, cada asiento tenía una pequeña pantalla (situada en el respaldar del asiento de enfrente) donde se podían ver las películas disponibles, oír radio y otras cosas. En cada asiento había un pequeño control que por un lado parecía un control de Super Nintendo y por el otro servía como teléfono. Para hacer una llamada se deslizaba la tarjeta de crédito por una ranura lateral y después se marcaba. La tarifa de la llamada era un completo robo: 6 dólares el minuto. Con el control se manejaba la pantalla y se accedía a los juegos disponibles, eran juegos sencillos y aburridos.

El vuelo tuvo un retraso de una hora y yo estaba preocupado por la posibilidad de no encontrarme con Alexander, además la idea de quedarme el primer día solo y perdido en Tokio no me llamaba para nada la atención.

A mi lado se sentó una pareja de japoneses recién casados que acababan de terminar su luna de miel. Habían estado en el caribe según me pareció, pues tenían camisas playeras y shorts (por lo menos era seguro que no venían de esquiar). Esto que voy a decir puede sonar feo pero observarlos durante el viaje fue fascinante. Me parecieron muy buenas personas, cada vez que tuve que levantarme ellos se quitaron muy amablemente y en general siempre me sonrieron. Pero su comportamiento como pareja me reveló uno de los aspectos negativos de la sociedad japonesa moderna. Al inicio del vuelo, el hombre se durmió y la mujer empezó a llenar un Sudoku que venía en la revista del avión, luego el despertó y jugó mucho tiempo con un Gameboy mientras ella veía King Kong en la pantalla del avión (por cierto, la muchacha lloró al final de la película por lo que me di cuenta que era bien sensible), cuando ambos estaban despiertos sacaron un computador portátil y empezaron a ver películas. A lo largo de todo el viaje se repitió el patrón anterior en todas sus permutaciones. Lo que considero negativo es el que una pareja de recién casados (hablando con ellos me lo confirmaron) prácticamente no hablara durante el vuelo que finalizaba su luna de miel. Puede ser que yo esté acostumbrado a ver las parejas colombianas que se demuestran cariño de una forma más abierta y que en Japón no sea así, de hecho, sólo una vez en todo el viaje vi que una pareja de jóvenes se diera un beso en público. La cultura japonesa no es para nada tolerante con lo que ellos consideran exhibicionismo. Pero bueno, hasta mejor para mi no tener una pareja bazuqueándose al lado, que jartera. Lo cierto es que por lo menos deberían estar hablando, riéndose o algo por el estilo.

El vuelo fue verdaderamente brutal, trece horas y media dentro de un avión, aún estando sentado, son desesperantes. Las últimas tres horas son especialmente duras y uno ya no quiere sentarse, ni pararse, ni dormirse ni nada, lo que quisiera es un golpe contundente y despertar en el aeropuerto. Pero no, en su lugar el avión tenía una pequeña pantalla que mostraba un mapa de donde íbamos, cuanto faltaba y que horas eran en Tokio. Me costó mucho trabajo dejar de ver esa pantalla, a veces pensaba que había pasado mucho tiempo desde la última vez que la había visto y sólo iban veinte minutos. En la pantalla, cuando aparecía el mapamundi, me di cuenta que sobrevolamos cerca de Alaska, Rusia etc.., no podía creer que estuviera tan lejos de casa. Durante la última hora de vuelo hablé con la pareja, les conté del viaje que iba a hacer, de donde iba a ir etc…, también les mostré los mapas que me habían dado para llegar al sitio de la conferencia y ellos muy amáblemente me escribieron los Kanjis (ideogramas japoneses) de las estaciones de metro donde debía cambiar de tren. Al saber que yo era de Colombia, la muchacha (que no hablaba casi inglés) trataba de contarme acerca de la danza saruza. Yo no entendía lo que me quería decir, pensé que era una danza tradicional japonesa y que yo debería intentarla o verla, pero ella seguía insistiendo y al final todo se aclaró: la danza era la salsa, y lo que me trataba de decir era que ella la había bailado durante su viaje. Cuando ibamos llegando, vi una montaña a lo lejos y les pregunté si era el monte Fuji, ellos me dijeron que con seguridad no lo era. Más adelante, me di cuenta que mi pregunta era equivalente a que un extranjero viera el museo nacional y preguntara si eran las murallas de Cartagena. Finalmente llegamos, me despedí y me desearon mucha suerte.

Así que ahí estaba, en el aeropuerto Narita, uno de los más grandes de Asia. Para llegar a la sala de equipaje, había que pasar numerosas salas con bandas móviles en el piso (para moverse más rápido) y tomar un pequeño tren que conectaba esa terminal con el edificio principal. Una vez tuve mis maletas, llamé a mi casa y me reporté. Ahora seguía llegar al sitio de la conferencia.

Pronto continuaré el relato

Andrés.

Thursday, November 09, 2006

Un viaje inolvidable.

Hola a todos. Como primera entrada seria a mi blog, daré un resumen bastante detallado de mi viaje a Japón. La idea principal es dejar por escrito la mayor cantidad de recuerdos que tengo antes de que se me olviden y compartir con ustedes todas las cosas que observé y conocí. En una entrada futura hablaré más a fondo sobre mis impresiones acerca de la cultura japonesa y otras cosas, pero por ahora me limitaré a echarles la historia sin mucho comentario.

Para empezar, pude realizar este viaje gracias a que la universidad de Keio me dio el dinero para pasajes y cubrió las primeras dos semanas de alojamiento. Haber podido ir en estas condiciones fue un privilegio del que siempre estaré agradecido, en especial con mi director de tesis Alexander y con el profesor Maeda.

Durante el mes de julio del 2005, se realizó una escuela de verano en física-matemática en Villa de Leyva, Colombia. Para ese entonces yo ya me encontraba trabajando con Alexander en mi futura tesis de maestría, y en ese congreso Alexander me presentó al profesor Maeda, quien era uno de los conferencistas invitados. Casi un año después, se realizaba en Yokohama y Tokio una escuela sobre un tema relacionado con mi tesis y el profesor Maeda me dio la ayuda financiera que ya expliqué. Esta ayuda estaba destinada a estudiantes que fueran a asistir al evento y cubría pasajes y estadía por dos semanas (el tiempo que duraba el evento).

Una semana antes de ir, sustenté mi tesis de maestría, la aprobaron y entonces empecé a preparar mi viaje. Puedo decir con toda seguridad que nunca en mi vida había sentido tanta emoción como en esos días, no sólo era el viaje que había soñado desde hacía mucho tiempo y para el que llevaba preparándome un año en clases de japonés, era también la idea de irme diez mil kilómetros lejos de casa, era el estar solo durante un mes recorriendo un país, en fin… Llegado el día de salir, obviamente no pude dormir y el nudo del estómago tampoco me dejó desayunar. En mi casa no paraban de darme indicaciones y advertirme de innumerables peligros. Yo no me tomé muy en serio las advertencias pues pensaba que de una u otra forma me iba a un sitio civilizado y no a la mitad de la selva, más adelante me di cuenta del error que fue no tomar en serio lo que me decían.

Para ir a Japón desde Colombia hay que hacer una parada de un día en Estados Unidos, más exactamente en Houston (volando por Continental). Una vez ahí, me dirigí al hotel donde me quedaría esa noche. Debido a la espera de un día, Continental cubre el valor de la noche de hotel. El lugar era muy grande y afortunadamente muy limpio. A las 6 de la tarde pude almorzar pues entre inmigración, recoger las maletas y encontrar el hotel me la pasé de la una a las cuatro. Me bañé en la piscina del hotel y me dormí temprano. Tenía que estar a las 10 de la mañana en el aeropuerto pues mi vuelo salía a la una. Esa mañana empezó a caer el aguacero torrencial más increíble que he visto en mi vida. Las calles aledañas al hotel parecían ríos y con el ruido de los rayos y los truenos era imposible mantener una conversación. Hablando a gritos conocí una mujer bastante simpática que trabajaba de azafata en Continental para vuelos nacionales. Me contó que su marido estaba en New Orleáns, llevaba un timepo desempleado y con la tragedia pudo conseguir trabajo removiendo escombros y reconstruyendo la ciudad. Ella también me explicó que la tempestad era porque ya pronto empezaría la temporada de huracanes y que, comparado con un huracán, esa tempestad era una simple llovizna. En esos momentos la preocupación que me asaltaba era la posible cancelación de mi vuelo, un retardo de un día no sería grave pero yo tenía tantas ganas de llegar a Narita (el aeropuerto internacional de Japón) que me hubiera reventado esperando más.

Llegué final mente al aeropuerto de Houston y todas las vueltas de salida fueron muy sencillas, eso si, me hicieron quitar zapatos y canguro como 5 veces, además pasé por lo menos por ocho detectores de metales. Al llegar a la sala de espera, nuevamente se me aceleró el pulso al ver en un telepronter : Continental Narita 1pm (no recuerdo el número del vuelo). Ya había visto un mensaje parecido en otro aeropuerto hacía mucho tiempo pero ahora la gran diferencia era que yo abordaría ese vuelo. Todo estaba dispuesto y pronto se cumpliría mi sueño. A propósito del aguacero, eventualmente mermó pero produjo un retraso de una hora en todos los vuelos del día, el problema era que Alexander me estaba esperando en una estación de metro en Tokio y no tuve forma de indicarle el retraso. Finalmente subí al dichoso avión, estaba muy contento, de verdad que no cabía de la felicidad.

Próximamente continúo la historia.

Andrés

Hola a todos.

Con motivo del inicio del blog de Lolita (dolorescollazos.blogspot.com) quise investigar más acerca de este tipo de páginas de Internet. Antes no les daba mucha importancia y la verdad no me parecía muy interesante ojearlas pero, viéndolas con detenimiento, empecé a entender cual era su objetivo y tanto cambió mi forma de pensar al respecto que aquí estoy empezando el mío.

Antes de comenzar me planteé una pregunta obvia: ¿De qué voy a escribir?. Repasando los temas que me interesan, música y matemáticas fueron los que primero me vinieron a la mente.

Con respecto a las matemáticas creo que poco le interesaría a la mayoría de desocupados que lean esto, pero de todas formas trataré el tema de vez en cuando procurando hacerlo de la manera más divulgativa posible. La razón por la que escribiré sobre matemáticas, no sin temer la pérdida de cualquier lector potencial, es que, para mí, son una de las creaciones más hermosas del hombre. Piénsenlo bien, al crear matemáticas o simplemente estudiarlas estamos usando lo mejor de nosotros mismos, poniendo nuestros cerebros al límite y aprovechando el mayor don de nuestra especie, la inteligencia. Me gustaría poder decir que no le hacemos daño a nadie sin embargo eso no siempre es cierto y esto da lugar a discusiones. Por ejemplo: los matemáticos que trabajaron incansablemente en el laboratorio de El Álamo entendiendo las ecuaciones presentes en la fabricación de la bomba atómica, puede que sus descubrimientos sean usados luego para ir a Marte o curar la pereza pero, ¿su uso inmediato fue dañino, cierto? , cien mil muertos en pocos segundos y cerca de 2 millones más en los años siguientes comparten un destino trágico atado a esas ecuaciones. Ya me imagino lo que piensan: ‘el malo es el hombre no la ciencia’, y es precisamente sobre afirmaciones como esta que me gusta hablar y debatir. Si alguien desea tratar más a fondo este tema conmigo, con mucho gusto estaré disponible.

La música es lo más importante en mi vida, desde que me despierto estoy acordándome de las melodías de mis canciones favoritas y siempre que puedo estoy escuchando mis artistas preferidos. En lo que respecta a gustos musicales he tenido varias etapas, desde el House de los 90 al Power Metal europeo pasando por muchas más vainas. Cuando hable de música, me concentraré en la que escucho actualmente y creo que es justo empezar por advertir que mi banda favorita es Dream Theater y para mi son la panacea absoluta, no sólo en su género sino en toda la música del siglo 20. También me gusta mucho la música electrónica: Daft Punk, Chemical Brothers, Paul van Dyk, DJ Tiesto etc… y todo el tiempo oigo nuevas cosas que me llaman la atención. A todo aquel que desee tratar este tema, sin importar que música le guste (salvo el Reggaeton, ¡lo odio con todo mi ser!), le invito a escribirme.

Si me dedicara a hablar únicamente de estos dos temas, los aburriría y me aburriría. Afortunadamente tengo muchos otros intereses y en especial trataré de usar este medio para dar mis impresiones acerca de los sitios que he conocido. Tuve la infinita fortuna de ir a Japón en junio de este año y recorrer el país durante todo un mes, conocí Tokio, Kioto, Hiroshima, Miyajima y por último Hakone y el Fuji. Hice el viaje solo y me sirvió muchísimo en la parte personal. A través del blog hablaré bastante de este viaje y de otros que hice a New York, Washington DC y a algunos lugares de Colombia.

Durante el tiempo que escriba este blog, espero que su contenido les resulte interesante y ojalá me escriban dándome sus opiniones.

Andrés