Propósitos de año nuevo.
Como primera entrada a mi blog en el año 2007, he decidido apartarme del relato del viaje y concentrarme más en lo que espero de los doce meses que se avecinan. Me fue difícil dejar ir el 2006 pues simplemente ha sido el mejor año de mi vida. En el 2006 pude ver a Dream Theater en vivo, ir a Japón y finalmente graduarme de la maestría. Estas eran cosas muy importantes para mi y esperaba desde hacía mucho realizarlas, en especial el viaje a Japón.
Ahora que empieza el nuevo año (bueno, más o menos pues estoy escribiendo esto el 25 de enero) deseo mejorar numerosos aspectos de mi vida y tratar de seguir creciendo como persona. Para empezar, desde hace bastante tiempo he alimentado la idea de publicar una entrada hablando de aquellas cosas que me molestan. Esta lista podría extenderse indefinidamente así que decidí hacerla breve y concisa, concentrándome sólo en aquellas cosas que de veras encuentro intolerables. El objetivo de todo esto es principalmente matar tiempo y escribir algo que puede resultar divertido. A la larga, claro está, con esta lista quiero ser conciente de las cosas que me dañan el genio y aprender a relajarme más. No deseo llegar a los cuarenta con una úlcera del tamaño de una piña, producida por todos los tipos en moto sobre andenes peatonales, que he visto en mi vida.
Sin más preámbulos empiezo, las primeras entradas no están en ningún orden especial.
1- La tauromaquia. El maltrato hacia los animales es algo espantoso y a mi parecer no tiene perdón alguno. Lo que más me molesta es que todos los defensores de este “arte” dicen estupideces como: “Pues si, al toro se lo mata pero se lo mata con arte”. Como pueden decir que semejante barbarie es hermosa! En algunos países como Portugal, se prohíbe matar al toro y no veo porqué los “puristas” dicen que si el toro no muere entonces el espectáculo carece de sentido. Las mujeres en cambio dicen que no hay nada más masculino que un torero enfrentándose en desigual batalla ante tan formidable adversario. Es obvio que la batalla es desigual, el macho torero tiene todas las de ganar y sólo en contadas ocasiones el pobre toro logra darle su merecido.
A modo de desahogo déjenme decirles la forma en que yo veo el toreo: En el toreo tenemos a un sujeto en ropa apretada, el objetivo de esta ropa es darle una idea a las mujeres de la tribuna de qué tan macho es este imbécil pero, como las mujeres de ahora no comen cuento, al imbécil le toca mostrar su infinita “masculinidad”. Es obvio que demostrar esta “masculinidad” no es fácil así que el engaño del toreo cae como anillo al dedo, al fin y al cabo ¡está luchando contra un toro de 600 kilos, que hooooommmmbreeeeeee! Lo que no dicen de todo esto es que el toro ha sido sometido a varias torturas para mermarle su fiereza y que el torero no pelea sólo, tiene la ayuda de otros imbéciles un poco menos machos. En todo caso, como en este espectáculo las apariencias cuentan más que cualquier verdad, a nadie le importa y el torero demuestra que es un “macho”, en el sentido mejicano de la palabra. En el público obviamente no sólo hay mujeres, también hay hombres y son estos los que han escrito y dicho la mayor parte de la basura que defiende esta práctica pues la razón por la que disfrutan del espectáculo en general es otra distinta a medir los atributos del torero.
Así, en resumen tenemos: un exhibicionista, un grupo de mujeres disfrutando del exhibicionista, un grupo de hombres (muchas veces esposos de las mayores beneficiadas) filosofando y declamando conmovidos por tanta “belleza” y por último un pobre animal, que no le ha hecho daño a nadie, sufriendo a manos de estos salvajes. Aunque debo confesar que hay algo que me encanta del toreo, lástima que no sucede más a menudo, y es el dichoso evento en el cual el torero sufre una cornada a manos de tan formidable bestia, es en esos casos en que el espectáculo me parece muy entretenido y por una vez se hace justicia.
2- El Reggaetón. Aquí podría quedarme los doce meses del 2007 y continuar hasta el 2010, así que voy a tratar de no extenderme demasiado manifestando el profundo y sincero asco que siento por este engendro sonoro. Digo sonoro porque no merece el adjetivo de musical. No tengo muy claros sus orígenes, creo que viene de Puerto Rico, una isla que nos ha dado otras joyas de las que no quiero hablar. El Reggaetón tiene en todas sus canciones el mismo ritmo aburrido y repetitivo, fácil de bailar eso si, simplemente hay que “hacer el amor bailando” (no estoy seguro si esta frase proviene de una canción de Reggaetón o de pornosalsa pero aplica perfectamente), ¿no les parece una ridiculez de campeonato? Lo chistoso de esto es que cuando es una mujer atractiva la que propone bailar, todo el desencanto se esfuma y por un rato uno llega agradecer a los compositores (si se les puede llamar así). Por eso no voy a ser hipócrita criticándolo en esas situaciones. En estos casos el engendro sonoro simplemente hace que los instintos más primitivos salgan a flote.
¡Pero si lo voy a criticar en mi vida diaria!
Con gran alegría he sabido de varias personas que leen este blog y no viven en Colombia. Como no viven en Colombia, no saben lo que nos toca soportar a quienes lo odiamos. Lo oímos cuando subimos a un bus, a un taxi, cuando caminamos por la calle y pasamos frente a una tienda de ropa “bien setsi”, cuando asistimos a eventos públicos y en general, todo el H/&%/&uta día. Si eso es en Colombia no quiero imaginarme lo que debe ser Puerto Rico. Lo que me molesta del reggaetón es la crudeza de las letras, y eso es un eufemismo. Como la música no da para nada más, hablan de vulgaridades y las letras deben tener todas las groserías posibles para referirse a las relaciones sexuales. En particular, hace poco apareció en escena un grupo llamado calle 13, a mi parecer, las “canciones” de estos tipos son lo peor que he oído en mi vida, y me gustaría decir que son lo peor que puede existir pero la experiencia me ha enseñado que todos los años sale algo nuevo frente a lo cual todo lo anterior parece canto gregoriano. Así que sólo me queda esperar pacientemente a calle 15 o alguna vaina que baje los estándares de depravación musical aún más.
Siendo un colombiano que sale a la calle, debo aguantarme el reggaetón desde que pongo un pie en la acera, por lo que todos los días me felicito por haber comprado un reproductor de MP3 y no tener que aguantarme esa locura. Creo que la única solución posible es subirle el volumen al reproductor e ignorar el ambiente.
Próximamente continúo con la lista.
Andrés
