Introspección

Monday, December 11, 2006

(Nuevamente empiecen a leer en la entrada de abajo)

En este punto entra el siguiente personaje: Toyotomi Hideyoshi. Hideyoshi empezó como soldado raso y gracias a su talento para la estrategia y el combate se acabó convirtiendo en uno de los generales más importantes de Nobunaga. Al morir este último Hideyoshi tomó el poder, saltándose con varias argucias a los hijos de Nobunaga quienes eran los sucesores legítimos. Además de continuar las campañas militares de su predecesor, Hideyoshi usó otras formas más sutiles de mantener el país unido. Una vez conquistaba un lugar, distribuía las tierras entre gente de confianza pero, como era una persona muy desconfiada, obligaba a las familias de los nuevos Daimyoo a vivir en Kyoto donde estaba la sede del poder central. Prohibió por completo a los campesinos llevar armas y de hecho fue con esto que solidificó la férrea división en clases sociales de Japón. Además los Samuráis, quienes eran la casta guerrera, al llevar espadas perdían el derecho a realizar cualquier otra actividad. Los campesinos por su parte no podían convertirse nunca en samuráis. Hideyoshi tuvo un final algo triste: con la vejez le llegó la paranoia y acabó matando a muchos de sus allegados, ni siquiera su profesor de la ceremonia del té se salvó. En sus últimos dias formó un consejo de generales quienes debían encargarse de todas las cuestiones militares, de este consejo salió Ieyasu Tokugawa.

Al morir Hideyoshi nuevamente llegó el turno de elegir sucesor y esta vez Ieyasu usurpó el título que le correspondía legítimamente al descendiente de Hideyoshi. Esta vez la usurpación no fue con argucias sino con fuerza bruta y en la batalla de Sekigahara derrotó a los partidarios del sucesor legítimo estableciéndose como regidor absoluto. El título que obtuvo fue el de Shogun, esta vez no importó el apellido. Como Shogun, estableció una serie de reformas y leyes claves para la posterior unidad total del país. Prohibió la construcción de nuevos castillos y la entrada de extranjeros, castigó duramente cualquier revuelta e impuso normas muy severas para los Daimyoo. Todas estas medidas funcionaron perfectamente y su Shogunato al igual que el de sus descendientes constituye la llamada era Tokugawa, un periodo de casi trescientos años donde no hubo guerras internas y tampoco contacto con los países extranjeros. Con Tokugawa, por primera vez el país estuvo unido.

No puedo quedarme sin hablar de dos cosas más. La primera es le cristianismo en Japón, durante los mandatos de Nobunaga y Hideyoshi el cristianismo fue tolerado aunque con recelo. Los primeros en llegar fueron los jesuitas y después los Franciscanos. Con la llegada de Ieyasu y le expulsión de los extranjeros se empezó a perseguir a los cristianos. Finalmente, en 1635 en Shimabara las tropas del Shogun masacraron a 35000 cristianos. El Shogunato de los Tokugawa fue un régimen cruel e intolerante, logró mantenerse tanto tiempo porque en el pasado de Japón la crueldad no era algo inusual y de una u otra forma estaban acostumbrados.

El segundo es el final de la era Tokugawa. Las cosas se les empezaron a poner dificiles cuando las potencias extranjeras los obligaron por la fuerza a abrir al país al comercio exterior. Es bien conocido el incidente del comodoro Perry (en otra entrada hablo de ese evento). El traspaso del poder, del Shogun al emperador, fue un evento más bien pacífico. Para los que les gusta el anime, la historia de Rurouni Kenshin se sitúa durante este traspaso de poder, pero la historia ficticia habla de disturbios, asesinatos etc.., cuando en verdad las cosas no fueron así para nada. Una cosa que si es cierta en la serie es el asesinato de Okubo Toshimichi quién fue uno de los artífices de la caída del Shogunato, a él lo mató un fanático seguidor del Shogun.

Eso es todo por ahora. La historia de Japón es fascinante, si pueden les recomiendo que lean al respecto.

Andrés

Parte 7

Un poco de historia.


Como les dije, al otro día salí a un lugar maravilloso, los templos de Nikko, al norte de Tokio. Ese domingo mí tren salía a las 7 de la mañana de la estación de Shinjuku, llegué muy puntual y empecé mi primer viaje largo en tren por Japón. La campiña japonesa no es nada del otro mundo he de decir, todo muy plano y lleno de cultivos de arroz. Me impresionó que en algunos grupos de casas hubiera una especial que tenía un cementerio en el jardín. El viaje duró más o menos una hora y media pues, aunque eran sólo ochenta kilómetros, el tren no era un tren bala. El pueblo de Nikko queda en una zona montañosa llena de vegetación. Como gran atractivo, se respira un aire montañoso puro y frío, muy distinto al aire de Tokio y sus millones de carros.

Tomé un bus en la estación central del templo y este me dejó dos kilómetros más allá, en el comienzo del ascenso a los templos. Lo primero que se ve es un hermoso puente hecho en madera sobre un río. Como casi todos los lugares de culto Shintoista-budista, tenía un color rojo intenso que contrastaba muy bien con la vegetación de las montañas circundantes. En la dirección de Internet que di en una entrada anterior pueden ver algunas de las fotos que tomé de este puente.

Los templos de Nikko son uno de los lugares más representativos de la historia de Japón. Según la creencia japonesa, el año nuevo debe recibirse en un templo y Nikko es uno de los sitios más populares para ello. No estoy muy seguro pero los primeros templos eran el lugar de culto de una secta budista muy importante en la época, luego fue escogido por Ieyasu Tokugawa como el lugar de su tumba. Este personaje es muy importante, fue él quien unificó al país, y buena parte de los valores japoneses actuales provienen de él de una u otra forma. A tal punto llega la admiración de los japoneses por Tokugawa que se le confirió el título de deidad budista, y precisamente es en
Nikko donde está su lugar de adoración.

Voy a detenerme un poco en este personaje y les contaré por qué es tan importante. Esta parte la tomé del libro A History of Japan de Kenneth Henshall.

Entre 1333 y 1568, Japón atraviesa el llamado periodo Muromachi, la era de las guerras internas. El país se encuentra dividido en numerosos terrenos cada uno perteneciente a un señor feudal distinto (llamados Daimyoo). Durante siglos la constante es la guerra total, traiciones, alianzas, más traiciones, más alianzas, asesinatos selectivos y golpes de espada para todo lado. El final oficial de este periodo comienza en 1568 con la aparición de uno de esos personajes que dejan huella, su nombre Oda Nobunaga. El sujeto era el arquetipo del señor feudal japonés que todos tenemos en nuestra mente: astuto, excesivamente cruel y diestro como pocos en las artes de la guerra. Al principio no era más que otro Daimyoo codicioso, pero a punta de espada y tácticas de combate logró derrotar a todos los Daimyoo contra los que peleó. Su gran triunfo fue sitiar Kyoto y establecer como Shogun a un títere suyo (el título de Shogun sólo podía ser llevado por un miembro de la familia Ashikaga, y Nobunaga, ¡pues era de apellido Nobunaga!, nada que hacer). Eventualmente el títere no hizo las cosas bien y nuestro primer personaje simplemente lo exilió. El nombre del títere era Yoshiaki Ashikaga y el que no fuera asesinado fue un verdadero golpe de suerte pues Nobunaga no era precisamente el ser más piadoso sobre la tierra. Así, Nobunaga se dejó de pendejadas y se estableció como regente absoluto. Durante su gobierno asesinó a diestra y siniestra, en especial monjes budistas a quienes consideraba posibles fuentes de desorden civil, muchos miembros de su familia se contaron entre las víctimas, por ejemplo su hermano menor. Contra sus enemigos no mostró jamás piedad alguna, quemó vivos a veinte mil prisioneros después de una batalla y esa sólo es una de sus anécdotas. Como dicen los costeños: ``ese man era un áspero`` El legado de Nobunaga, además de historias de terror, fue empezar la unificación de Japón. Sólo un personaje con ese nivel de mano dura y astucia podía organizar el caos que reinaba en ese país. Durante su mandato distribuyó numerosas tierras conquistadas, prohibió a los civiles portar armas, estandarizó pesos y medidas y estableció un mandato central, aunque sólo logró unir la mitad del país.

Monday, December 04, 2006

Parte 6


La primera semana de conferencias era una escuela sobre geometría de Poisson, el remate de esta escuela era la exposición de Maxim Kontsevich. Este matemático ruso se hizo famoso cuando recibió la medalla Fields por las locuras que salían de su mente. La medalla Fields es el equivalente en matemáticas al premio Nobel y muy pocos la han ganado, es el premio más importante al que puede aspirar un matemático. Como era de esperarse, la exposición iba a ser muy concurrida. Aunque la analogía sea un poco rara, esa exposición era el equivalente matemático a un concierto de rock. Nunca había estado en un ambiente semejante, el gigantesco salón de conferencias se llenó por completo, incluso había mucha gente de pie. La mala ventilación hizo de las suyas y el calor humano era exagerado. Era un viernes y la exposición empezaba a las 4 de la tarde, los organizadores lo habían puesto como remate de la primera semana de eventos pues era difícil pensar en un mejor broche. Al llegar Kontsevich todo el mundo empezó a aplaudir y él simplemente empezó, ¡y empezó con toda!. Nunca en mi vida había visto una mezcla de genialidad y caos como ese día, su mente pensaba tan rápido que ni podía hablar a la misma velocidad, y eso que hablaba demasiado rápido. Escribía en el tablero afanosamente, casi con desesperación por no poder acelerar más, y de vez en cuando se volteaba hacia el público para decir alguna frase imposible de entender. En cierta forma era como si su mente quisiera escapar de las limitaciones de su cuerpo. Con semejante forma de exponer y el calor del recinto, pasó lo obvio y casi todo el mundo se durmió, además la exposición, originalmente de hora y media, empezó a acercarse a las dos horas y no había señales por ningún lado de que terminaría pronto. En mi caso, aún con problemas por el horario, no pude dormir, de hecho casi ni parpadeaba, y aunque no entendí una sola palabra, me resultaba fascinante observar al expositor.

El sábado salí a conocer la ciudad. Mi destino fue el parque Ueno, famoso por sus museos. Llegué muy temprano y aún no estaba abierto ningún museo, así que di un paseo por el lugar. Este parque es gigantesco, a un lado tiene un estanque lleno de flores de loto y en la mitad de este estanque se encuentra una pequeña pagoda muy bien decorada. La imagen de la pagoda en la mitad de los lotos es bastante impactante. El parque tiene también numerosos templitos y varias estatuas de personalidades importantes de Japón. Una cosa que me impresionó es la gran cantidad de gatos que merodeaban por todas partes, muy amistosos por cierto. Cuando al fin abrieron los museos, empecé por el metropolitano de Tokio, hice la fila y cuando abrieron las puertas yo simplemente seguí a la multitud y compré una boleta. La fila resultó ser para una exposición de pinturas traídas del museo de El Prado en España. Entre lo que trajeron estaba Velásquez, El Greco etc. La exposición fue muy interesante, y fué divertido haber visto cosas de un museo español en pleno Japón. Continué viendo otras exposiciones, en algunas incluso dejaban tomar fotos, algo inaudito en un museo. Al salir fui al museo nacional de Tokio, este contiene obras de arte de todas las épocas y regiones de Japón, tenía espadas, kimonos, kakimonos, estatuas de templos budistas y shintoistas y la cerámica de la era Yoomon. Esta cerámica es la más antigua conocida y data de los primeros habitantes de la isla, quienes llegaron a través de ciertos puentes naturales que unían Japón y China. Un museo extraordinario pero demasiado grande, así que no pude recorrerlo con calma, además mis pies me estaban matando. En un edificio contiguo se encontraba una colección de arte asiático bastante famosa según me di cuenta. En ese edificio había varias piezas de cerámica china. Me encantó la absoluta simpleza y hasta cierto punto ```frescura`` de estas piezas, las curvas de su diseño daban una sensación de fluidez y armonía. Después de almorzar, visité un museo de ciencia muy poco interesante, una vez salí de ahí me dirigí a otro lugar de la ciudad.

Tomando el metro llegué al distrito de Ginza, el distrito elegante de Tokio. En sus calles se encuentran muchos nombres famosos: Gucci, Cartier, Zenú (no mentiras, tampoco) etc. La gente en esta parte vestía muy elegante y salían de almacenes de más de ocho pisos. Ese día la calle era peatonal y pusieron mesas y sillas en la calle, todo esto producía un ambiente muy agradable. Me quedé dando vueltas hasta que anocheció y tomé muchas fotos de esta parte de la ciudad, con la noche aparecieron nuevamente los colores de los que tanto les he hablado.

Volver a los dormitorios fue una tortura debido al estado de mis pies, este problema estaba empezando a preocuparme, además al otro día tomaría un tren hacia el norte de Tokio a conocer otro lugar maravillo y allá tendría que caminar muchísimo.

En la siguiente entrada les hablaré de ese lugar.

Andrés